La historia que estaba escuchando era algo absurdo de escuchar ante sus oídos.
— ¿No crees que estás exagerando? — Preguntó, tomando un largo y tranquilo sorbo de la copa de vino mientras escuchaba a uno de sus más leales guardias hablar.
— Definitivamente sé lo que vi. — Explicó el hombre, de rodillas ante su jefe. — Incluso se llevó a la hija de aquella ladrona que debía morir.
— Levántate. — Aquel líder suspiró, escribiendo un mensaje en un rollo. — Quiero que le lleves este mensaje al rey, él nos dirá qué hacer al respecto, y sobre tus hombros y los de toda tu familia caerá la carga si la noticia que me has entregado es falsa, yo mismo les cortaré la cabeza a todos.
Pálido como hoja de papel el guardia asintió, marchándose cuanto antes para llegar al palacio.
Por otro lado un inconveniente extra surgió durante el ajetreado camino de Emille y sus acompañantes, quienes estaban sosteniendo una disputa acalorada.
— En absoluto. — Se negó también Harmony.
Resultaba ser que en cierto punto Emille regresó con una pequeña niña en brazos a donde estaban todos sus compañeros esperándola, explicando la situación dio a saber que le prometió regresarla a casa con su madre. Inmediatamente todos se negaron.
— ¿Por qué? — Quiso saber Emille.
— Estamos muy cerca de Vish, ir a llevar a la niña implica desviarnos de nuestro camino. — Dijo el leñador, la pequeña miró a Jack con cierto miedo. — Es como entrar a la cueva del oso por segunda vez solo porque le primera no te mató.
Harmony estornudó. — Mi nariz pica, así que Jack tiene razón. Estamos cerca.
— ¿Tienes un detector en la nariz? — No tardó en preguntar Symond.
— No, pero mi sexto sentido me envía señales cuando estoy cerca de un objetivo para indicarme que me debo preparar.
En vista de que todos eran comentarios negativos Emille se enojó. — No puedo dejarla sola, ella necesita regresar con su madre y su familia así como yo quiero regresar con la mía, nosotros no somos los villanos y, aunque no está en nuestro poder cambiar la historia sí podemos ayudar. — Tomó la mano de la niña, comenzando a caminar aunque ni siquiera sabía dónde debía ir. — Encontraremos una manera de regresar, son libres de quedarse.
Ver a Emille intentando elegir el camino correcto los hizo suspirar, parecía un cachorrito extraviado.
— Yo siempre seguiré a su majestad, aún si ella se dirija a la guarida del lobo para tener un final atroz. — Enfatizó Harmony, caminando justo detrás de ella. — Pero vamos por el camino equivocado.
Emille se crispó. — Y-ya lo sabía.
Los demás se miraron entre sí con suplicio notorio, arrastrando los pies con pesar hasta donde estaba Emille para guiarla por otro sendero, estaba tomando la dirección contraria.
— Te acompañaremos, no podemos dejarte sola. — Dijo Symond.
— Su majestad tiene un corazón muy noble. — Añadió Harmony.
— Y se convertirá en comida de criaturas salvajes si toma el sendero erróneo. — Enfatizó Jack. — Es por eso que yo también debo seguirla.
Emille internamente agradeció que la hayan seguido, debieron retroceder varios pasos y tomar una ruta diferente del lugar donde vive Vish. Pero Emille estaba casi segura de que la bruja del bosque no se cambiaría de sitio solo porque se tardaran un poco más en ubicarla.
— Me llamo Loira. — Se presentó la pequeña cuando todos preguntaron su nombre.
— Tienes un nombre muy bonito, dime ¿Estás emocionada por ver a tu mamá? — A pesar de que la niña asintió ante la pregunta de Emille su caminata era mucho más lenta que la de los demás adultos y por ende los atrasaba. Loira estaba cansada. — Jack ¿No puedes llevarla en tus hombros?
— ¿Por qué haría tal cosa? — Replicó él.
— Es una niña pequeña, por favor.
En vista de la cara de súplica de Emille, la cargó en sus brazos y la puso arriba en sus hombros luego de bufar.
Loira se sujetaba de la cabeza de Jack mientras miraba los alrededores. — ¡Es muy fuerte, señor Jack! El hombre más fuerte que jamás he visto.
— Por favor, no le des cuerda. — Dijo Symond al ver cómo se le subía el ego a Jack por el comentario.
— Creí que los miembros de Saturno eran más… Altos. ¿Qué edad me dices que tienes? — Harmony se elevó hasta alcanzarla, analizando sus facciones.
Todos se sorprendieron al ver que levantaba tres dedos.
— ¡Pero si parece de siete! — Comentó Symond. — ¿Cómo es posible?
Harmony se permitió explicarlo. — Los clanes son como las razas, todos son iguales en algún punto. Como el cabello rojo de Júpiter o los tres ojos dorados de Venus, el punto sobresaliente de Saturno es la gran estatura.
— ¿Y no hay personas que sean diferentes? — Preguntó Emille con cierta curiosidad
Harmony negó con la cabeza. — Claro que no, Majestad. Todos se reproducen dentro de sus clanes desde que hubo la separación del pueblo. Por eso son iguales físicamente. Aquellos que nacieron cuando no existían los clanes o cuando estos se disolvieron y son diferentes fueron echados y son los que ahora viven en aldeas fuera del reino, adentrados en el bosque. Muchos incluso viven separados de sus padres y demás familiares, haciendo familias entre ellos y multiplicando su individualidad.
No pudo evitar mirar a Jack, si mal no recordaba él y Jacqueline vivían apartados cuando los encontró, pero no hizo ningún tipo de comentario y solo se permitió seguir caminando en silencio.
El tiempo pasó mientras los viajeros desviaban su curso hacia el clan de Saturno, lugar donde entregarían a Loira directamente en las manos de su madre.
— Symond ¿Qué es eso? — Preguntó Loira.
Symond miró lo que señalaba durante el descanso para comer. — Es una mariposa.
— Es una polilla.
— Es una mariposa.
— Es una polilla.
— Es una mariposa.
— ¡Es una polilla!
— ¡Una mariposa!
Todos los demás observaban la pelea con incredulidad.
— Hasta que por fin Symond conoce a alguien con su mismo coeficiente intelectual. — Masculló Jack, para mala suerte de Symond Emille y Harmony asintieron en silencio ante dicho comentario.
Loira negó con la cabeza. — Las mariposas tienen colores bonitos y las polillas no.
— Ya verás que no, mocosa. — Symond se acercó para mirarla de cerca, todos escucharon el grito que dio cuando la polilla se le paró en la nariz. — ¡B-bien, es una polilla! ¡Una polilla!
— Te dije que era una polilla. — Loira comenzó a reírse.
— Sí que se llevan bien, no pensaba que a Symond se le diera jugar con los niños. — Emille, Harmony y Jack los observaban.
— ¿En serio? Symond tiene esa estupidez natural que los niños adoran. No me sorprende. — Añadió Jack, llamando la atención de Emille poco después y sentándose a su lado. — Mira, terminé de hacerle una funda a la espada que trajiste el otro día, la que tomaste de aquel guardia que quería asesinar a Loira.
Ellas observaron la funda atada a su cinturón, improvisada con algunas hojas y lianas del bosque. Podía portarla bajo la capa perfectamente sin que se notara y desenvainarla rápidamente de un movimiento decisivo.
— Aun no entiendo por qué le dio tanto miedo verme. — Miró la serpiente de su brazo, para ella solo era una mancha.
— Deberías preguntarle a aquella que siempre te llama ‘’Majestad’’
Los dos miraron a Harmony, quien se tensó. — Y-yo no tengo nada que decir, así que no traten de presionarme mirándome de esa manera.
— No voy a obligarla, pero me da muchísima curiosidad saber. — Suspiró Emille. — ¿Tiene algo que ver con el quiebre de tu gema, Harmony? La cicatriz que tiene cuando nos enseñaste.
— ¿Cicatriz? Mi gema no debería tenerla. — Se extrañó ella.
— Sí, es como si hubiesen juntado dos pedazos a la fuerza. — Dijo Jack.
Harmony solo miró con rareza a Jack, como si hubiese dicho una locura. Luego negó varias veces con la cabeza. — Aún si esa dichosa cicatriz hablara por mí, solo se asustarían por todo lo que tiene para contar. Pero mi juramento selló mis labios, no puedo hablar sobre lo que pasó.
— ¿A quién se lo juraste, Harmony?
Cuando ella abrió la boca para hablar, su voz no salió y en su lugar solo hubieron burbujas mudas saliendo de allí. Dando veracidad a sus palabras. — ¿Lo ven?
Eso fue bastante extraño.
— Creo que ya deberíamos seguir, mientras jugábamos pudimos escuchar el ruido proveniente del clan Saturno ¡Está más cerca de lo que creen! — El que tenía en sus hombros a Loira era Symond, quien regresaba de jugar con ella.
Los demás se pusieron de pie, el descanso había terminado y era hora de continuar el camino.
— Esta vez no metan la pata ¿De acuerdo? — Demandó Jack, colocándose de nuevo el antifaz y la capucha, pero enfatizando en el disfraz de Symond, para evitar que lo confundieran con un espía de nuevo.
A Harmony no le gustaba la capa. — No puedo tener nada que prive mi gema de la luz solar. — Dejó de flotar en seguida y sus pies tocaron el suelo. — Pierdo poder con cada minuto que pasa, necesitamos entregar a la niña y marcharnos rápido.
Parecían estar en una plaza de vendedores que Loira reconoció de inmediato. Todas las personas eran altas, no, gigantes. Y ella sí se veía como una niña de cuatro años en comparación. — ¡Por aquí! — Dijo ella tomando la mano de Emille y guiando a los demás.
Casas grandes con altas puertas, inmensos carruajes tirados por muchos caballos. Enormes frutas sobre enormes mesas. Aquel lugar parecía el reino de los gigantes. Por suerte ellos estaban debajo de su campo de visión y podían pasar fácilmente desapercibidos. Loira los guió hasta una casa humilde ubicada en una mucha más humilde localidad, lucía como el sector pobre de la ciudad.
— ¡Mamá! — Le gritó a una mujer que estaba de espaldas, quien al escuchar la voz se giró rápidamente.
— ¿Loira, nena? — La emoción era capaz de verse en su rostro cuando la abrazó. — ¡Loira, hija! ¡Creí que no volvería a verte de nuevo! Lamento haber dejado que aquel hombre te… — Miró a los encapuchados con antifaces. — ¿Quiénes son ustedes?
— ¡Mis amigos, mamá! Me salvaron y me trajeron con mamá. — Ella de un tirón a la capa les quitó las capuchas a cada uno, descubriendo sus rostros. Al ver que era un lugar seguro todos se descubrieron el rostro también. — Emi y Jack y Harmony y mi favorito ¡Tío Symond!
— ¿Tío Symond? — Los demás se giraron para verlos, él sonreía como un niño.
Aquella mujer se levantó con Loira en brazos. — Muchísimas gracias por salvar a mi hija, no sé cómo debería agradecérselos.
— Puede empezar por dejar de robar, usted no debe codiciar nada que le pertenezca al rey. — Todos se callaron ante las declaraciones de Emille. — Casi pierde a su hija por eso, ¿Cree que la perdonarán una segunda vez? Pues está muy equivocada.
— Lo siento, no sabía qué hacer yo… — Sus ojos se inundaron en lágrimas. — Ellos cada vez se hacen más ricos y nosotros cada vez somos más pobres, no pude evitarlo. A este paso moriremos de hambre, no quería eso para mi hija y simplemente tomé unas cuantas piezas de oro, por favor, lo hice por ella, perdónenme la vida, no le digan al rey dónde me ubico, por favor.
Symond colocó una mano en su hombro, haciendo que ella se levantara. — Eres una gran mamá, estoy seguro de que sabrás cómo salir adelante a pesar de la pobreza.
Ella sonrió, asintiendo entre lágrimas silenciosas. — Dile adiós a tus amigos, Loira.
Agitaron las manos en señal de despedida mientras regresaban a colocarse las capuchas, la madre de Loira los había abastecido de comida para agradecerles cuando supo que eran viajeros. Todos se despidieron de la pequeña con un ademán antes de dar la vuelta perderse de sus vistas.
— Voy a extrañar a la mocosa. — Jack fue el primero en decir lo que todos pensaban.
En seguida se le abalanzó Symond, a quién se le abalanzó Emille y a quien se le abalanzó Harmony.
— Ella ya pudo regresar a casa, esto me da fuerzas para continuar.
— ¿Ya nadie va a jugar conmigo?
— Tienes una polilla en la cabeza, Symond.
— ¡AAAH!