El ambiente se había vuelto completamente pesado y tenso para todos, desde el punto de vista de Emille Harmony estaba siendo cruelmente atacada con lanzas y flechas provenientes de las toscas palabras de Jack y Symond, de cierta manera podía comprender su desconfianza, incluso ella misma necesitaba encontrar las respuestas del por qué actuaba como si la conociera de toda la vida.
Pero definitivamente no sentía malas intenciones provenientes de Harmony.
Otro aspecto que no ayudaba a mejorar la situación dentro del ambiente era el hecho de que a Jack no le incomodaba decir las cosas sin pensar en los sentimientos de los demás, algo dentro de él no era capaz de confiar en Harmony plenamente y eso lo hacía permanecer alerta en todo momento, alguien que desde que llegó no se apartaba de Emille mientras la llamaba usando tales honoríficos. ¿Por qué los acompañaba? ¿De parte de quién venía y cómo los encontró?
— No podemos dejar que nos engañe. — Murmuró Jack, decidiendo dejar de pensar en tonterías y retomar el largo camino que les esperaba por delante.
Continuaron avanzando dentro del silencio, Harmony lideraba la caminata en conjunto con Emille. El sendero del río finalmente los había terminado llevando a las afueras de la ciudad de manera exitosa y disimulada.
— Será mejor que a partir de ahora cubramos nuestros rostros. Somos oficialmente fugitivos de la ley, en cuanto alguien nos reconozca terminaremos en el mismo destino dentro de prisión… O podríamos enfrentarnos a la muerte. — Harmony se detuvo, Symond, Jack y Emille la rodearon. Harmony sacó cuatro antifaces en total, todos con formas extrañas que abarcaban al menos medio rostro e hizo entrega de uno a cada integrante, cubriéndose también ella misma. — Debemos mantener nuestras identidades ocultas, incluso la marca sagrada de su majestad.
— ¿Mi marca sagrada? — Cuando se dio cuenta Harmony había usado un vendaje para cubrirla.
— Su majestad, si alguien le pregunta usted tuvo una herida justo aquí. — Murmuró Harmony. — No será bueno enseñar esa cosa a los demás.
— ¿No es una simple marca de nacimiento? — Preguntó Symond mientras comía frutos que nadie sabía de dónde sacó.
Al menos eso hacía hasta que Jack se los aventó al suelo de un manotazo. — ¡¿Quieres intoxicarte de nuevo, imbécil?! Porque esta vez sí te voy a dejar morir miserablemente.
Emille no pudo evitar soltar una risa, observando con cierta desconfianza el antifaz, el suyo tenía una flor junto a uno de sus ojos, era bastante útil para apartarse el cabello de la cara, no tardó demasiado en ponérsela.
— Este camino es transitado por los viajeros buscando medicinas, incluso su alteza el rey es capaz de venir en persona a estos lugares. A estas alturas ya debe estar bien informado de la situación y millones de carteles buscando nuestras cabezas deben estar siendo pegados a la pared, los seres humanos definitivamente los entregarán con tal de recibir una cantidad miserable de recompensa, esos malditos lame botas. — Gruñó Harmony.
— ¿Cómo puedes saber todo eso? — Cuestionó Jack con desconfianza.
De repente las miradas se concentraron en la albina.
— Solo se trata de lógica, hasta un bebé podría haberlo deducido. — Respondió Harmony. — Pero si no te parece eras bienvenido a arriesgarte a ser exhibido y que todos terminemos en la guillotina por tu culpa.
— E-estás máscaras son realmente útiles, Harmony. — Emille intervino antes de que una guerra estallara entre ambos. — ¿Por qué no continuamos con el camino ahora?
La noche fría y oscura había caído sobre ellos casi de manera instantánea, si querían sobrevivir a la frialdad nocturna de aquella tierra necesitaban organizar un refugio improvisado que les permitiera mantenerse abrigados. Por un lado Jack se dedicaba a juntar madera de los árboles en compañía de Symond, a quien llevó a la fuerza para poder conversar en privado.
Ambos estaban en un silencio incómodo, nunca antes se habían quedado juntos a solas.
Pero Jack necesitaba poner alerta a Symond para que ambos pudieran evitar una catástrofe futura.
— Ella es una criatura mística con demasiado poder ¡Un monstruo! ¿Por qué querría venir con nosotros? — Habló en cuanto se dio cuenta de que finalmente estaban a solas, lejos de las mujeres dentro del equipo.
— ¿Qué tal si de verdad quiere ayudarnos? — Contestó Symond, recogiendo una ramita del piso. — ¿Y si realmente es su deseo proteger a Emille? Nos ahorraría mucho trabajo.
Jack se cruzó de brazos, mirando su confiable hacha de leñador reposando sobre el montículo de madera que habían talado.
— Habría aparecido mucho antes, probablemente cuando trataron de abusar de Emille. — Fue lo que dijo, suspirando de por medio.
Symond no era capaz de entender a lo que quería llegar Jack diciéndole todo eso, le parecía poco importante e incluso un poco tonto que actuara de esa manera con alguien que les salvó, aun así simplemente dejaba que hablara tanto como quisiera y cargaba la madera que le iba pasando. — No la creo tan mala, creo que el problema es que tal vez no te gusta que te lleven la contraria.
— ¿Ahora la culpa es mía? — Refutó Jack. — Solo estoy tratando de prevenir una posible catástrofe.
— No estoy diciendo que sea tu culpa, solo que Harmony no me parece…
— ¡¿Y tú cómo puedes saberlo?! Ni siquiera eres capaz de leer. — Interrumpió Jack, comenzando a alzar su voz de manera tosca. — Seguramente tú estás haciendo un complot con ella para entregarnos ¿Verdad? Eso explica por qué te nos uniste. ¡Lo planearon todo!
Symond de un empujón le entregó la madera a Jack. — Me parece que de pronto perdiste oxígeno en el cerebro. Háblame cuando todo lo que digas no sean incoherencias.
Y se marchó, dejándolo solo.
Jack le gritó de vuelta. — ¡Bien! No necesito tu ayuda.
Symond en un completo silencio regresó hasta donde se suponía debían estar las chicas, topándose con la sorpresa de que estaba Harmony sola, cabizbaja. No pudo ignorarla, probablemente debido a eso fue directamente hacia donde estaba y se sentó junto a ella. — Mi mamá solía decir que cuando mirara hacia el cielo recordara lo mucho que me ama, porque el tamaño de su amor es el mismo que el del cielo. — Harmony levantó la mirada para ver a Symond, quien alzaba la vista hacia el atardecer. — Me hace sentir mejor cuando estoy triste, algún día espero que podamos reencontrarnos. Porque definitivamente la abrazaré y no la dejaré ir de nuevo.
Mostró una sonrisa ladina, cediéndole un pañuelo a Harmony.
— ¿Por qué me cuentas todo esto? — Harmony se sorbió la nariz, jugueteando con sus manos. — No deberían hablar con un monstruo como yo.
Symond colocó la mano en su cabeza con compasión. — Hasta los monstruos tienen sentimientos ¿Verdad? — Se giró hacia ella con una sonrisa para animarla. — No creo que seas mala, debes tener tus razones para no hablar. No tienes que hacerle caso a Jack, él está mal de la cabeza.
En ese preciso momento Harmony alzó la vista hacia él, aún tenía los ojos llorosos, sin embargo su mueca en los labios había sido cambiada por una sonrisa amigable.
— Eso es cierto. — Se rió — Lo siento si te traté mal, la verdad es que no eres tan desagradable como dije antes, Symond.
Él se quedó pensativo. — ¿Tú crees? — Murmuró y luego miró de nuevo hacia el cielo. — Yo opino que sigo tan sucio como antes.
Y Aunque Harmony no comprendió el profundo significado que implicaban aquellas palabras le sonrió. — ¿por qué tu madre te diría que miraras al cielo para recordarla?
— Falleció cuando yo era un niño. — Contestó de manera tranquila. — Mi padre era un adicto al juego y la bebida que terminó siendo asesinado por ofender al líder de los guardias y quedamos nosotros, pero su salud era muy mala, murió al poco tiempo.
— Vaya… Lo siento, no debí haberte hecho recordar algo como eso.
Symond negó con la cabeza. — A veces es mejor confesarse con un extraño.
Emille, por otro lado, necesitaba aire fresco, tal vez no fue una buena idea separarse del grupo para caminar pero necesitaba aclarar sus ideas, se sentía ahogada, sofocada y sin escapatoria, de alguna manera ya habían corrido con demasiada suerte y el hecho de tener que sacrificar a sus amigos para conceder sus caprichos no le parecía tan buena idea.
¿Por qué no pudo resultar como aquel lindo paseo que se veía venir cuando salió de casa de Jack?
Todo estaba pasando demasiado rápido frente a sus ojos, de cierto modo no quería regresar con el bullicio de sus amigos peleando entre sí pero no podía dejar que la noche la pillara sola.
Sin embargo lo que fue un pequeño desliz tras dar un mal paso hizo que su vendaje terminara enganchándose a una rama de arbusto espinoso, el cual comenzó a enredarle el brazo lentamente. — ¿Qué diablos? — Semejante a una planta carnívora Emille apreció cómo aquella planta iba desgarrando el vendaje, haciendo también una ligera cortada en su antebrazo.
Soltó el brazo de un tirón tan fuerte que rompió el vendaje, aun así aquella planta terminó comiéndolo.
Extrañada lo primero en que pensó fue que necesitaba regresar con sus colegas antes de que las cosas se tornaran más rara, sin embargo ella se volteó justo en el momento en que le pareció escuchar un grito ahogado.
Y como si sus pies gobernaran el resto del cuerpo comenzó a correr hacia aquella dirección.
— ¡Ayuda, por favor! — Se trataba de una niña, una pequeña frente a un hombre tres o cuatro veces más su tamaño que, con una espada estaba a punto de cortarle la cabeza en medio del bosque.
Emille se espantó al contemplar la escena.
Lo primero en que pensó fue en el hecho de que necesitaba volver por Harmony y pedirle ayuda, pero al regresar ya sería demasiado tarde. Trató de idear rápidamente un plan, pero el pánico bloqueó su cerebro, un impulso llamándola a la acción no dejaba de molestarla, a esas alturas le era imposible darse media vuelta y hacerse de la vista gorda, aún dentro de su pánico Emille siguió sus instintos, saltando a la escena para meterse en el medio. La espada apenas consiguió rozarle el brazo cuando empujó a la niña, la estrechó cerca de ella y ambas cayeron al suelo.
— ¡¿Qué crees que haces asesinando a una niña indefensa?! — Gritó Emille. — ¡Respóndeme ahora!
Mientras ella se colocó de pie y le enfrentó aquel hombre dejó caer la espada y su piel se tornó pálida, levantando las manos en señal de paz de una forma muy rara y temblorosa.
— ¡Por favor, perdóneme la vida! ¡Su madre le robó a mi jefe una enorme suma de dinero que era para el rey, yo solo estoy cumpliendo órdenes, de verdad! — Cayó de rodillas, su peso tan estruendoso casi sacudió el suelo.
Emille miró a la niña oculta tras de ella, una mirada severa se dirigió al guardia. — Desaparécete de mí vista o te juro que la persona que va a terminar sin cabeza al final serás tú.
Él asintió y sin siquiera recoger el arma salió corriendo.
— G-gracias, señorita. — La niña comenzó a llorar, aferrándose a su pierna.
Conmovida, Emille la cargó entre sus brazos. — ¿De dónde eres, pequeña?
Ella, a diferencia de los demás clanes lucía más común, con un cabello castaño y ojos cafés. — Mi mamá está cerca, somos del clan Saturno. Q-quiero volver con mi mamá.
Al verla así, igual de perdida que la propia Emille no puede evitar sentir simpatía y casi de inmediato se compromete a llevarla sana y salva a casa.