~Daphne~
Mi piel se encrespó al sentir la brutalidad del golpe, salí disparada de la estufa unos cuantos metros.
No había que pensar demasiado para saber quién se atrevió a ponerme las manos encima.
-¿Qué fue lo que...?- No terminé mi frase, pues el agua, que estaba casi en su punto de ebullición, se dispersó por todo mi cuerpo. -¡Qué carajo!- Dolía. Ardía. Quemaba. Picaba. Una oleada de dolor punzante recorrió mi brazo.
Puedo sentir como el cuero cabelludo entra en un ardor incontrolable, la piel de mis brazos estaba enrojecida y... dolorosas llagas se asomaban una tras otra. ¡Esto es un completo desastre!
¡No puedo con esto!
¡Suficiente! ¡¡Es demasiado!! He aguantado todo tipo de situaciones, puedo resistir con golpizas pero... ¡Se pasó de la raya!
Mi raciocinio se nubló, y solo una palabra aparecía en mi cabeza.
Ira.
Conecté la mirada con los iris de aquel lobo que se atrevió a hacer algo tan vil. No me sorprendí al percatarme de quién era, ya había presentido que era él.
-Oh, lo siento. No quise esperar mi café, ¡Eres muy lenta!-
Apreté los puños. -¿Yo...lenta?- Me abalancé contra él y sin darle oportunidad, aterricé mis nudillos en su cara. Golpe, tras golpe, tras golpe. Solo me detuve hasta que un par de lobos lograron separarme de él.
Si no lo hubiesen hecho, podría haberlo matado.
-¿¡Qué diablos te pasa!? ¡Te volviste loca!-
Todos los comensales llegaron a ver el show. Unos se reían, otros me miraban con desdén mientras lanzaban miradas asesinas... algo a lo que me acostumbre.
-¿Qué ha pasado aquí?- Una voz autoritaria y ronca retumbó por la cocina.
Es el Alfa. Lo reconocí, ese tono de voz es difícil de olvidar.
Mientras todos le temían, yo lo miraba en silencio, no le tenía miedo.
Él analizó poco la situación, y aunque observó mis quemaduras, no comentó ni se inmutó.
-Llévenla al calabozo-
¿Por qué me sorprendo?
Quizás... Porque tuve una vaga ilusión de que los Alfas eran buenos líderes.
De inmediato, sus hombres me arrastraron sin una pizca de amabilidad y arrojaron mi cuerpo hacia una de las celdas. Haciendo que caiga bruscamente sobre el cemento.
-Si tienes suerte, sobrevivirás- Espetó uno de los guardias.
¿Si tengo suerte?
Bastante suerte he tenido a lo largo de mi vida como para seguir aferrándome a ella.
No sé qué es lo que espero, pero algo dentro de mí anhela ver qué hay después de cruzar la frontera. Aquella cadena de árboles que me mantenían presa en este recinto.
Los días pasaban, uno tras otro.
Cada día, solo recibía un pan y agua para mantenerme con vida, el suelo fétido y mugriento ayudo a que las quemaduras de los brazos se abrieran más, sin mencionar que, las ampollas se abrieron por los forcejeos de los que me trajeron.
Los primeros días, el dolor era agonizante, la mitad de mi torso derecho se encontraba al rojo vivo, completo de úlceras insoportables que me mantenían despierta durante noches. Ahora, luego de cuatro días, me adapté a ello, pero no podía sentir gran parte de mis extremidades. Para darle el toque final, esos bastardos guardias me azotaban cada noche, así fue cómo contabilicé mi estadía en los calabozos.
Solo me importa salir con vida de este infierno.
Una semana...
Encerrada, sin luz y con poca comida, mis heridas ya eran para preocuparse.
Cuando me disponía a dormir para calmar el dolor, mi loba apareció en mi mente.
-Daphne- Me llamó.
Ella ha estado conmigo desde los ocho años, cuando empezó la tortura. Si no la tendría conmigo, ya estaría visitando a mis padres desde el inicio.
-¿Por qué te demoraste tanto?- Debido a mi condición especial, a veces duerme por un largo tiempo, teniendo como excusa que es esencial para la transformación.
-Lo siento... Se tardó más de lo previsto, pero ya estamos listas para cambiar- Dijo un poco entusiasmada y preocupada a la vez.
-¿Crees que pueda hacerlo así?- Miré mi estado, era imposible realizar con éxito la primera transformación a lobo, y, además, no se puede correr en una celda.
-Tranquila, nuestro compañero nos sacará-
¿Compañero?
La gran puerta principal de acero se abrió, trayendo consigo un suave olor a canela y limón, que se fue intensificando a medida que ese hombre se acercaba.
¿Quién era?
Su andar se detuvo en mi celda, y ordenó que me soltaran.
Su voz.
¡Esa voz!
El mismo hombre que ordenó que me encerraran sin saber lo que pasó, ahora me libera y...
-¿Por qué tenías que ser tú?-
Una fría respuesta disfrazada de pregunta escapó de sus labios.
Lo sé. Sé exactamente lo que quiere decir. ¿Por qué una loba renegada sería su pareja?
Alcé mi mirada hacia la suya y solo vi decepción, lamento y un poco de empatía.
¿Eso es todo lo que siente alguien que encuentra a su pareja predestinada?
Al parecer, los libros mienten.
Mi corazón se desplomó al saber lo que haría a continuación. No soy tonta.
- Yo, Jhon Vastier, Alfa de la manada lago rojo, te rechazo a ti, Daphne Rossi, perteneciente a la manada lago rojo, como futura Luna y compañera-
Un fuerte dolor azotó como nunca mi cuerpo, ni siquiera los látigos o golpizas que he recibido igualan el dolor, es tan descomunal que solté un grito desgarrador, me estremecí y caí al suelo, sintiendo cada punzada infernal.
¡Maldición! ¿¡Por qué!? ¡No he hecho nada malo!
¿Por qué me hace esto? No me esforcé en contener las lágrimas.
A veces, hasta los más férreos lloran.
Aún dolía, me quemaba, sentía como si me despellejaran por dentro. Una tortura en vida, una que jamás podría borrar de mi alma.
-Llévenla al hospital, no dejen que salga hasta que se recupere...-
Fue lo último que escuche antes de sucumbir al dolor y desmayarme.
Abandoné mi conciencia.