Rechazo

1141 Palabras
~Jhon~ Me encargué de la manada muy joven, cuando mi padre murió por un ataque inusual de los salvajes, tomé el mando a mis doce años, cuando aún tenía rastros de querer vivir con normalidad, de seguir haciendo amigos y disfrutar de la despreocupación, pero eso no fue así... Me arrebataron la libertad desde muy chico. Él murió, y enseguida los ojos se pusieron en mí y en alguien más. Una tal 'Daphne', el bebé que mi padre trajo de repente y todos odiaban en secreto, incluso mi madre, porque su decisión fue precipitada. Pero nadie opuso resistencia a que se quedara, después de todo, las órdenes del Alpha son absolutas, eso lo tenía claro. No me interesaba el tema lo más mínimo, lo que hicieran con ella no era mi problema, si la mataban, torturaban o no, ya no me correspondía. Mi padre era el responsable, yo no. Me enfoqué en mi manada, si bien no era la más famosa ni tampoco tenía poder, hice que creciera hasta obtener un puesto entre las más destacadas. El comercio de nuestros productos pocos reconocidos hacia el exterior hizo que renovemos completamente las casas, sitios de entrenamiento, y montones de estructuras a punto de caer. Me esforcé para convertir esta manada en una maravilla y así fue. Ya no era el 'Hijo del Alfa'... Ahora soy 'El Alfa' al que todos inclinan su cabeza. Sin embargo, todo Alfa necesita a su Luna para trabajar juntos y seguir con la descendencia. Pero no tuve suerte en estos años, pasé buscándola dentro y fuera de la manada, sin éxito alguno, ¿Tal vez aún no tenía la edad suficiente? Cabía esa posibilidad, entre las cientos de lobas que investigué, se encontraban varias en mi manada, una de ellas era 'Daphne' ¡Ridículo! Completamente fuera de lugar. Solo de pensar en su asqueroso nombre hace que mi ira incremente. ¿Por qué mi padre haría algo tan absurdo? El cargo de conciencia solo era una excusa, él había matado a mucha más gente sin sentir alguna emoción. ¿Y le dio pesar dejar a un bebé? Nunca comprendí su decisión, pero no pude refutarlo. Me encontraba tramitando papeles en mi despacho, cuando unos gritos llamaron mi presencia en la cocina, fui directamente y la vista que encontré me sorprendió. Esa molestosa chica, estaba siendo retenida por dos de mis guerreros, las quemaduras en sus brazos y rostro eran bastante notables y profundas, giré mi vista al suelo, dónde otro de mis guerreros yacía con todo el rostro deformado entre moretones y cubierto de sangre. No había que ser adivino para averiguar lo que sucedió, y tomé la mejor decisión para mantener la imagen que había formado. Encerré a la chica. Entre un Omega y un guerrero de alto nivel, el guerrero tenía preferencia, así que opté por darle un castigo adecuado en los calabozos. No la compadecí, se lo merecía. Luego del alboroto, volví a terminar el trabajo acumulado. *** Pasaron varios días hasta qué... un intenso y exquisito aroma inusual llegó hasta mí. -¡Mate!- Mi lobo Boomer se desesperó y estaba insistente en seguir el fragante olor. ¿Mate? ¿Estaba aquí? -Sí, ¡Está aquí!- Dijo al leer mis pensamientos -¡Apúrate y encuéntrala!- A decir verdad, también estaba emocionado y perplejo por encontrarla, ¡Por fin tendré a alguien con quien compartir mi vida! La había estado buscando desde hace mucho tiempo ¿Y ella estaba aquí? Me eché a correr, siguiendo el olor dulce, mis piernas daban zancadas para mermar el espacio tan rápido como me fue posible. Mi asombro fue más cuando me adentraba hacia la puerta de los calabozos. Ordene que la abrieran de inmediato y pasé celda por celda, hasta llegar a la última que se encontraba más alejada y al fondo, estaba oscuro, sin alguna luz. Adapté mis ojos a la oscuridad, y la vi, me detuve a observar a la chica tumbada en el suelo. Sus brazos se encontraban morados y todo su cuerpo tenía rastros de sangre, cada parte de su piel, que alguna vez fue blanca, estaba con cortes o marcas horrorosas. -¡GRRRR!- Boomer soltó un gruñido intenso, que hizo resonar y temblar cada rincón de las mazmorras. Incluso alertó a los guardias y presos, provocando sumisión. Mientras que Boomer estaba molesto y quería llevársela con él, yo... no podía creer lo que veía. ¿Por qué? ¡Por qué ella! De todas las lobas que hay, ¿¡Por qué me tenían que emparejar con alguien de su calaña!? Estaba decepcionado y furioso, ¿Qué podría hacer con ella? -¿Por qué tenías que ser tú?- Dije lo que pensaba. ¿Por qué la Diosa se atrevió a emparejarme con esta... desamparada? No la quiero como mi Luna, no la deseo como pareja, tan solo pensar en... me da asco. No sé si fue impulso, pero las palabras salieron de mi boca. -Yo, Jhon Vastier, Alfa de la manada Lago Rojo, te rechazo a ti, Daphne Rossi, perteneciente a la manada Lago Rojo como futura Luna y compañera- Boomer aulló de dolor, me reprochaba, él se retractaba y por un momento lo dejé tomar el mando. Aquellas palabras que pronuncié me desorientaron un poco. -¡¡Llévenla al hospital, no dejen que salga hasta que se recupere!!- Logró decir antes de luchar para llevarlo hasta el fondo de mi mente. No obstante, no retiré sus palabras. Mis pies no se movían de lugar por más que daba la orden, mi vista solo se enfocaba en la mujer desvanecida en el suelo, mis pensamientos no estaban en orden, y no lo estarán hasta que la lleven al hospital y sepa que se encontraba estable. ¡Maldición! ¿¡Por qué me pasa esto a mí!? Los guardias llegaron enseguida, abrieron la reja e intentaron tomarla, cuando apenas la tocaron, algo dentro de mí se molestó y solté otro rugido dominante, mi aura Alfa estaba descontrolada, no la quería, ¡Pero nadie puede tocar un solo pelo de ella! Los aparté y yo mismo me di la tarea de llevarla hasta el hospital, la cargué entre mis brazos, estaba tan liviana que fácilmente podría cargarla con una mano. ¿¡Qué carajo estaba comiendo en los últimos días!? -¿Cuánto tiempo ha estado reclusa?- Pregunté tratando de contener mi voz. -U-una semana- Titubeó. -¿¡¡QUE!!?- No podía esperar más, su respiración se alentaba cada minuto. Corrí lo más rápido que pude al hospital. Cuando el médico apareció, su boca se abrió y sus ojos irradiaron preocupación al ver el estado de la chica. Intentó cargarla, pero mis gruñidos lo hacen retroceder. -Alfa... ¡No puede esperar más! Por favor comprende. ¡Puede morir!- -¡Lo sé!- Luego de pensarlo, la entregué a él, reacio.
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