Dudar

1100 Palabras
~Daphne~ Había un problema... Un gran problema. Solo manejaban una escalera para bajar, y esta daba hacia uno de los salones lujosos de aquí. Si bien era poco transitada, será un problema chocar con caras conocidas. ¿Qué haré? Merodeé por la zona, el único escape era la pequeña ventana de la ducha. ¿Por qué habría una ventana ahí? No lo sé, pero mi intuición predice que me será de bastante ayuda. Di un brinco y alcance el filo igualmente de madera, hice uso de mi fuerza natural hasta lograr deslizar mi torso por el marco, no era grande, ni pequeño, el tamaño justo para que un cuerpo como el mío pase, aunque se me dificultó debido a mi busto... Alcancé los 1.70... creo, aunque no me ejercitaba mucho, tenía ABS marcados y cuerpo tonificado ¿Genes alfa? Logré estabilizar mi cuerpo sentándome en el marco, hice una inspección rápida, y me zambullí hacia el árbol robusto del costado. Sin hacer mucho ruido, bajé y a hurtadillas me presenté en la cocina. -¡Daphne! ¿¡Qué demonios has estado haciendo todo este tiempo!?- Una de las jefas de cocina gruño contra mí. -¡Hay mucho trabajo que hacer! ¡¡Apresúrate!!- Dijo dándome un empujón en la espalda. ¿Qué pretendía? Su actitud arrogante estaba llevándome al límite. Como siempre y para no llamar más la atención, ofrecí una disculpa y me dirigí hacia la cocina. Lo mínimo en cada comida... 60 platos que servir, así que cada día se servía un buffet en aquella mesa. ¿Por qué todos viven bajo un mismo techo? Es molestoso tener que preparar todo. Además, actualmente las manadas desglosan a sus subordinados para que vivan por su cuenta, ofreciéndoles la opción de escoger cualquier casa cómoda de alrededor, quedando la mansión solo para figuras importantes e influyentes, siendo un lugar exclusivo para visitantes VIP. ¿Qué demonios pasa por la cabeza de mi 'estimado' Alfa? Si fuera yo, habría repartido a estos inútiles por toda la zona. Escuchar sus parloteos y peroratas diarias hace que los dolores de cabeza se intensifiquen. -¡No te distraigas maldita criada!- Una vez más, la voz ronca de la anciana retumbó en la cocina, cerca de mi zona. -¡¡Si no fuera por mí, no tendrías techo ni comida!!- Chilló señalándome. ¿Techo y comida? ¿Quién le da comida a quién? Hasta ahora solo he trabajado sin alguna compensación, por idiota. Aunque iba en contra de mi naturaleza inclinar la cabeza y darle la razón a alguien sin juicio, lo hice, y mi loba intentó soltar un gran gruñido de superioridad, pero lo acallé frenéticamente. Aún no es hora de revelarme. -Lo siento... La próxima vez seré más rápida- Contesté entre dientes. De un momento a otro ella me tomó de la barbilla, y chocó su palma en mi cachete, causando un ruido sordo, pero a la vez estridente. Mi mandíbula se volteó, mi cuerpo giró y casi caigo al suelo de cerámica terso. Su movimiento fue inusualmente rápido para alguien de su edad. ¿Lo planeó? ¿¡Qué demonios!? -¡No puedes responder sin mi autorización!- Dijo y se fue no sin antes darme una mirada triunfante y burlona. Apreté los puños. Los apreté tan fuerte que mis uñas se clavaron en la palma, pero no sentí el dolor, la ira recorría mis venas hasta la muerte. Una palabra más y acabaría muy mal. Esa vieja... estaba buscando su propia muerte. Mi entrecejo comenzó a palpitar de dolor, todo empezó a darme vueltas y sabía el porqué... Mi aura Alfa comenzaba a despertar, ser sumisa no es mi personalidad, y reprimir tal furor, hace que mis nervios estallen. ¿Qué más falta? Respiré hondo, tomé un poco de agua y la esparcí por mi frente y cabello, refrescando un poco mis sentidos. Luego de un rato retomé la salsa que estaba haciendo, y poco a poco un hormigueo de dolor se esparció sobre mi cachete izquierdo. ¡Maldita bruja! Se atrevió a golpearme... aunque había experimentado cosas mucho peores por parte de los miserables 'guerreros y rastreadores'. Comparando, esto no es nada. Entiendo que sean parte fundamental de una manada, pues se encargan de luchar, proteger y agudizar sus sentidos para localizar al enemigo... Pero los contrincantes deberían ser los sabuesos, o renegados, como se los desee llamar, no una pobre chica de su misma manada... O tal vez soy de un nivel más bajo que el Omega, y ni siquiera me consideren uno de los suyos. De repente, una cachetada no sonaba tan mal a recibir cortes con dagas de plata, o recibir inyecciones sumergidas en plata líquida para ver cuán resistente era su rata de laboratorio. Mi cuerpo se estremeció, y mi loba aulló dolorosamente al recordar el tiempo que estuvimos sin poder ponernos en pie... ¡Suficiente! Nadie me conoce más que yo, sé que soy más de lo que todos creen. Volví de mis pensamientos cuando un ligero toque en mi hombro asechó. -¿Pasa algo?- Pregunté mientras terminaba algunos bocadillos. -El Alfa y su Beta desean que les entregues la comida en su despacho- Dijo con cautela aquella chica que una vez intentó ser amable. -¿Yo?- Pregunté confundida. Un día no quiere verme y al otro insta mi presencia, ¿Está demente? -Sí... que sea lo más rápido posible... Por favor- Por favor... Una palabra que había olvidado hace mucho. -Iré enseguida- No interactúe más con ella, esa chica no merece malos tratos. Es mejor que no la vean conmigo. Preparé meticulosamente cada plato, los serví y me desplacé silenciosamente hacia arriba. Suspiré aliviada de que nadie notase mi presencia, hice lo que pude por ocultar mi olor. Di un último respiro, y entré a la oficina del Beta. Sé que debería de ser al revés, pero mi cuerpo se movió por sí solo hacia la puerta contraria. ¡Diosa! ¿Qué diablos me pasa? No soy tan cobarde. Lucas, como siempre se encontraba absorto en esos benditos papeles, dejé los platos a su lado y enseguida me fui haciendo una reverencia. Suspiré una vez más, mis piernas flaquearon, pero me obligué a moverme. Luego de dar tres golpes en la puerta, escuché pasos aproximándose. De un tirón, el trozo de madera que separaba la habitación del pasillo se desvaneció, exponiendo al gran hombre de aspecto desaliñado. -¿Te vas a quedar ahí parada?- -¿Qué?- Lo miré confundida. Él movió su cuerpo hacia un lado, haciendo espacio. ¿Quiere que entre? Ladeé indecisa... Pero entré.
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