¿Quieres ser mi caballero?.

2035 Palabras
Entre el cielo y el infierno por tu amor Segunda parte: "Cementerio de huesos escarlata" ***Capitulo n° 13*** El tiempo pasaba como agua entre los dedos. Faltaban ocho días, para que Julius llevara a cabo el plan malévolo y despiadado y tres para huir con Tornurd. En dos días Tornurd y Maryan se habían vuelto bastante cercanos. Pero la mujer aún estaba resentida por la muerte de Rigthul que el mismo había causado. Aún así, Tornurd pedía perdón cuando tenía la oportunidad tratando de justificar sus malas decisiones. Pero no podía. Ya que, los reclamos de Maryan lo dejaban, simplemente en silencio. Maryan se encontraba sentada en la cama. Comiendo frutas y bebiendo una taza de té. Masajeando su abultado vientre. Mientras tarareaba una canción de cuna. De repente la puerta sonó. _Adelante._ Tornurd ingreso. _Hola mi princesa, te traje un libro, me lo robé de la biblioteca de Julius, es de romance._ Tornurd era muy directo no ocultaba las intenciones o las cosas que hacía. Maryan sonrió y agradeció el libro. Tornurd tomo una de las sillas de la habitación y la puso a la par de la mujer dandola vuelta apoyándose en el respaldar, con las piernas a cada lado del asiento. _Muchisimas gracias por todo lo que hacer Sir Tornurd._ Acaricio su mano apoyada en el respaldo de la silla. Sin ninguna intención. Solo amabilidad. Él amaba como sonaba su nombre en su voz y todavía más si eso se complementaba con el contacto de sus suaves y delicadas manos. _Perdóname, princesa _expresó su sentir Tornurd miró hacia otro lado, tratando de no caer bajo el embrujo de su abrumadora belleza, y no terminar expresando cosas que no deberían ser dichas. _¿Que paso?._ insistió ella. Tornurd era puro instinto, y las actitudes de Maryan no ayudaban para nada, la atrajo hacia él y la abrazó con apremio, Maryan se removió por la incomodidad de tener el respaldo de la silla en medio, apretó un poco su abultado vientre. La princesa no hizo reclamo alguno por aquella muestra de afecto y aprovechándose de eso Tornurd, con su mano izquierda subió desde su espalda hasta su pelo, el cual acaricio con premura, sorprendiéndose a sí mismo lo tranquilizador de ese gesto, pero que repercutió en la imperiosa necesidad de olfatear su cabello. _No huelas mi cabello._ solicitó ella molesta. _No me gusta._ Esa petición fue escuchada, pero no aceptada, porque en ese momento él ya no podía detenerse. _Tornurd._ Repitió ella. Había descendido desde la coronilla de su cabeza hasta su cuello, donde el olor que a diario él sentía, desde lejos y a escondidas. Estaban descontrolándolo todavía más. _Mi Reina, mi princesa… _murmuró en su oído. Esa voz él no la reconocía. Nunca había hablado de ese modo con nadie, solo con ella, pero no era como si tuviera elección. Estaba excitado y estaba junto a quien despertaba toda esa agitación. Estaba en trance; le había sucedido una vez con el beso forzado, una segunda vez cuando el la espió vistiendo su hermoso cuerpo, y en esta tercera oportunidad, apenas siquiera era consciente de lo que sucedía alrededor, fuera de ellos dos… Rozó sus labios en su cuello, ascendiendo por su fina mandíbula, para detenerse finalmente en una de sus mejillas. _No juegues conmigo _pidió ella... _ No te entiendo… Me estás confundiendo, quieres ayudarme y ahora quieres besarme aprovechandote de mi. ¿Como quieres que confíe en ti?._ Desde hacía un par de dias que el contacto entre ellos se estaba volviendo más íntimo y estar revoloteando alrededor de ella estaba trayendo consecuencias a su sanidad mental y física. No la había besado todavía, pero nadie podría entender lo difícil que le estaba resultando contenerse... _No intentes comprenderme._ Respondió mirándola embelesado. _Cabe la posibilidad de que descubras cosas que podrían asquearte de mis verdaderas intenciones egoístas._ Él la deseaba porque la amaba. Era difícil para él poder separar el aspecto físico de sus sentimientos, y esa cercanía, y el que ella no lo alejara, no hacía más que sustentar ese anhelo tan secreto como pecaminoso. _Ahora..._Hizo una pausa. _No hay nada de ti que pudiera provocarme rechazo Tornurd._ Dijo con seguridad. _Pero amo a mi esposo. No lo voy a traicionar. Lo que paso con Rigthul no quiero mencionarlo. Lo voy a justificar al final. Pero no te lo perdonaré jamás._ _Princesa… no tienes idea de lo que estás diciendo_ Aseguró fastidioso. Buscar su contacto ya era algo tan natural para él como respirar y respirar era algo vital… Estar a junto a ella lo era todo para él, sin embargo estar a su lado estaba llevándose poco a poco la cordura que tenia. Resistirse a sus impulsos primarios estaba costándole cada vez más trabajo, y es que no sabía cómo era posible, pero era como si cada día ella se volviese más hermosa; como si sus sentimientos por ella aumentaran conforme pasaban las horas. Sentirla prohibida para el, era excitante. La deseaba. Maryan habia echo que sentimientos desconocidos afloraran de repente. _Tornurd._ _Tornurd..._ Lo llamó con seriedad... Era la segunda vez que lo llamaba, y él había hecho la primera vez como si no la hubiese escuchado. Estaba comenzando a temer el estar junto a ella a solas… Aunque si debía ser honesto, el estar rodeado de más personas no aminoraba los pensamientos impropios que tenía acerca de ella. No tenia tapujos sus pensamientos. _Hey, Tornurd._ Reiteró. _¿Dónde estás ahora?. Te estoy hablando._ Musitó molesta. El tono de la voz de la princesa había variado a uno que evidenciaba impaciencia. Tornurd pasó su mano por su cabello en un gesto que demostraba resignación ante el destino que él mismo se estaba forzando a llevar. Podía ser tan frustrante… sin embargo aunque él se estuviera forzando a estar a su lado, lo cierto era que a la vez era algo que necesitaba _Maldición…_ Susurró. Se levanto de la silla, bajo la atenta mirada de Maryan. Tornurd la quedó mirando fijamente por lo que parecieron minutos, pero estaba seguro que habían sido escasos segundos, los necesarios para que su corazón comenzara a latir con rapidez. _En la noche volveré, tendré la excusa de traerte los alimentos nocturnos. Y te traere los planos del castillo. ¿Entendiste?._Explicó fastidioso. Ella extendió sus brazos y le mostró un cuenco vacío. _Traeme más fruta._ Le sonrió dulcemente. Tuvo cuidado de no rozar sus manos al tomar el cuenco de Maryan. Correspondió su sonrisa con un gesto cabeceando hacia abajo. Ella extendió de otro platillo un pedazo de fruta. _Come._ Como si fuera un perro. Comio la fruta. _No voy a corresponder a tu amor. Pero si, a tu lealtad, tu servicio y amistad. Si sobrevivo. ¿Quieres ser mi caballero?._ Maryan hablo tímida. Tornurd se atoró con el trozo de fruta que no alcanzó a masticar ante la impresión que esa pregunta, aparentemente surgida de la nada, fue hecha. Comenzó a toser y escupió la fruta. Al levantar el rostro Tornurd estaba completamente Colorado de los nervios. _¿Q-que has dicho?._ _¿Quieres ser mi caballero?._ Tornurd quedo estupefacto. Solo penso: "Las ataduras de las palabras, son el símbolo de la obediencia absoluta. Un dulce estremecimiento y la placentera sensación de ser controlado por ella... Quiero ser atado por tus cadenas invisibles"... Tornurd asintió. Retirándose en silencio de la habitación. Maryan quedo perpleja ante la respuesta del hombre. Del otro lado de la puerta Tornurd totalmente sonrojado... Se mordía el labio inferior nervioso. Pero una voz lo sacó de su propia ensoñación. _¿Se puede saber que esta pasando por tu cabeza, como puede ser que te hallas enamorado de esta forma en menos de quince días?._ Hunds aún no se rendía en tratar de hacer cambiar de parecer a su hijo. _Tus insistencias solo hacen que me empecine en tratar de ayudarla aun más. Puedes dejarme tranquilo._ Comenzó a caminar rumbo a la cocina. _Hijo cada vez falta menos. Piensa las cosas antes de hacerlas._ Hunds iba a su par. _Me puedes dejar tranquilo, por favor. Ya tuve mi ultimátum no necesito estas escenas._ Afirmo. _Hijo, para..._ Hunds se puso delante de el. Tornurd por su parte giró los ojos en señal de fastidio. _Hijo estas en el medio de absolutamente todo. Julius te matará por traición. Y su marido, Diego Panthombile Nigth The Brazz te matará por la muerte de la mujer llamada Rigthul, y para el seras un enemigo por llevarte su mujer. Seas o no seas protegido por Lady Maryan..._ _Padre, todos morimos al final. Y si adelanto ese hecho, ya sea, por Julius o Diego. ¿Que más da?._ Tornurd en sus palabras demostraba seguridad en sus creencias. _Haz lo que quieras._ Hunds sintió ofender su orgullo. Retirándose a paso firme. Tornurd por su lado. Sintió lástima por su padre. Pero, de igual manera se retiró. Mientras tanto... Diego y Carmilion se encontraban sentados en las escaleras del umbral de la entrada del gran castillo. Resignados. Molestos. Fastidiosos. No pudieron encontrar nada y a nadie significativo a su causa. Ambos al final se habían separado, con el fin de poder abarcar más de los espacios del gran castillo, pero no encontraron a nadie. Solo desolación. Buscaron en la mazmorra, cocina, habitaciones, salas de juntas, comedores. Nada. Vacío. _¿Y ahora?._ Carmilion rascaba su cabeza en señal de resignación. _Nada, saquear este lugar, y comprar ejércitos, iré al puerto, también buscaré en los bajos, piratas, lo que fuera necesario. Mercenarios, tengo muchas opciones..._ _Suponiendo que Julius no se te halla adelantado._ Carmilion río por lo bajo. _Carmilion y tus ejércitos, ¿Cuantos son?_ _Mmmm....Diego, El Reino Carmesí, cuenta con soldados entrenados en el arte de la espada, arco con flecha, e infinidades de artilugios, barcos, médicos, pero no son estúpidos, aunque, vallan en mi nombre. Si Julius ya tocó otros continentes, nadie va a querer morir por algo tan sublimal._ _Vos le diste un broche a mi esposa, le dijiste de Killian y que fuera a Sigam. ¿Porque?._ _Porque Sigam tiene conflicto con El Reino de Mignawich, por Julius, pensé que con Killian como mediador y la Reina absoluta, la mantendrían a salvo mientras la guerra comenzaba. En ningún momento pasó por mi cabeza que se unirian al complot. Solo era protección._ _Pero Carmilion, ¿Porque no funcionaría ir nosotros?._ _Por--_ Carmilion no termino de hablar, que ambos hombres estaban rodeados de guerreros con espadas, mientras que Diego tenía una amenazando su cuello al igual de Carmilion. _Sigam querrá ver a la Reina, al igual que yo. ¿Como se que no es una treta.? Por eso, no sirve que vallan ustedes..._ Se dejó ver un Rey entre los soldados que tenían frente a ellos. Apareció un hombre de unos veinticinco años aproximados. Contextura física, delicada pero masculina, cabellos negros, lacios en una coleta media, con mechones reposando en sus ropas elegantes y finas. _Yo soy Tardian Norton IV. Rey y único sobreviviente heredero del Reino muerto. ¿A qué debo la infortunia invacion en mi propiedad?._ Carmilion quizo levantarse pero el Guerrero que lo tenía amenazado presiono la espada en su cuello, ocasionándole una pequeña cortada. _Quieto._ Dijo tajante el otro Rey. Diego por su parte estupefacto ante tal visión. Penso: "En qué momento aparecieron todos estos. No sentí ni siquiera sus energías. ¿Que carajos está pasando en este lugar.? ¿De dónde salieron?. Pero de repente un comentario lo sacó de sus pensamientos. _Traiganlos._ De atrás de otros soldados aparecieron Betian y Killian encadenados. Con grilletes de sus cuellos, muñecas, pies. Junto con una hermosa y bella mujer. _Como que, no nos fue muy bien en esta redada. ¿No?_ Betian sonó sarcástico. _Cierra el pico Betian. Esto es tu culpa. Esto nos pasa porque sos un degenerado..._ Killian estaba furioso. Solo miraba como Betian parecía disfrutar la situación. Ya que poseía una sonrisa zorruna, al ser jalado por la mujer. En lo que Diego rodó los ojos insinuando fastidio. Carmilion por su lado bostezo. _Ahora si, negociemos. Rey Carmilion. Lord Diego. Sir Betian, y Sir Killian._ Al decir esto Tardian miraba uno a uno. _Traiganlos._ Adentrándose al castillo. Mientras los guardas reales, la mujer y los guerreros lo siguieron.
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