Reunión

1133 Palabras
Entraron al edificio para dirigirse a la sala principal. Lis observó que era una amplia habitación con una mesa baja, al estilo tra­ dicional, con los espacios dispuesto para sentarse. Cuando en­ traron, ya había gente esperando. El señor Yamada encabezada la mesa, a su lado derecho se sentaba una mujer, relativamente, parecía un poco mayor que Lis, aparentaba más de treinta. En el lado izquierdo se sentaba un muchacho de cabellos castaños muy claros, parecían rubios, una cara redonda y amigable. Sen­ tado junto a él. Amarilis reconoció a Houzi, el mono, su rostro era el mismo de sus visiones, con la diferencia, que su cabello era más largo, algo desordenado, su longitud iba más allá de sus hombros. Finalmente, Ame saludo a todos y se quedó a su lado. Uno por uno se fueron presentando. Soy Karin Gimura, reencarnación del perro -fue la primera en presentarse. Por supuesto en haciendo uso del inglés. -            Mucho gusto -Lis se fijó en que lo que le dijo Ame era verdad, ahora podía verlos. -            Soy Dong Mi - y haciendo una pirueta, agregó - el mono - aquello provocó sonrisas entre los presentes - me encantan tus OJOS -            Gracias, te reconozco, te recuerdo, quiero decir Me alegro, según he visto, éramos buenos amigos -Agregó el muchacho. -            Hola, mucho gusto - dijo, acercándose, en un inglés torpe el más joven -Soy Zhang Liu, el cerdo -le sonrío tímidamente. Una vez hecha las presentaciones, todos ocuparon nuevamente su lugar. Amarilis se sentó en el que quedaba vacío, exactamente frente al señor Yamada. -            Comeremos primero, es mucho tiempo de no compartir una comida con ustedes - dicho eso, entraron algunas personas llevando los distintos platillos, los cuales pusieron sobre la mesa ­ Espero sea de su agrado, señorita Amarilis. -            Seguramente lo serán - le informó con una sonrisa. Probó un poco y le gustó. La charla primero giró en tomo a su llegada y si encontraba agradable la estadía. -            Déjeme decirle que es una lástima la muerte de su padre, ¿me dijeron que fue por un paro cardiaco? -preguntó Karin -    No, a mi padre lo asesinaron -todos se quedaron en silencio, Lis trató de fijarse en sus expresiones, tal vez alguien revelara algo… - aunque no sé exactamente quiénes fueron. -           Seguramente, gente de la Hermandad del Tigre -Soltó Zhang Liu. -            Hay algunos rastreros, pero Ren, no es así -afirmó Dong Mi -            Hablas como si los conocieras - Le dijo Karin - no sabemos sus intenciones. No deberías poner las manos al fuego por él. -            ¿Qué te hace pensar que fue él? - le preguntó algo molesto Dong Mi, en japonés. -            La hermandad del Tigre lleva siglos queriendo apoderarse de los collares de jade. Antes de la llegada del mismo tigre y del dragón ya se había apoderado de varias regiones. Haciéndonos sus esclavos y lo sabes. Hemos vivido sirviendo a los humanos cuando nuestra naturaleza es superior a ellos. -            Pues, el clan del Dragón no es diferente -dijo Dong Mi. Se hizo un silencio que duró hasta que las puertas se corrieron y entraron los sirvientes con los instrumentos para servir el té. -            Antes quizás no, pero ahora sí. Desde que uno de nosotros asumió la dirección de la organización. Ya no somos instrumentos, se nos consulta, nadie nos obliga. - dijo Zhang Liu. -            Es una suerte, entonces - Dijo en Amarilis en un perfecto japonés - supongo que el señor Yamada vela por nuestros intereses... Sintió una energía negativa a su lado y como presintiendo algo se levantó, justo en ese instante uno de los sirvientes la atacó con un cuchillo, el cual se clavó en su asiento, en el mismo lugar donde unos segundos antes estaba sentada. El hombre se lanzó hacia ella y ella esquivó cada golpe. Se dio cuenta de sus ojos vacíos y con un solo movimiento de sus manos lo destruyó. Ya estaba agarrándole el truco a esto, pensó. -            ¡Llamen a los guardias - Gritó Yamada - ¿cómo es posible esta intromisión? -diciendo eso salió de la habitación con el resto de los sirvientes, asustados, siguiéndolo. Los demás se acercaron a ver los restos. -            Un soldado terracota -dijo Ame -Otro... -            La hermandad del tigre -dijo Karin agachándose y cogiendo parte de la tierra entre sus manos - Arcilla púrpura de Yi­ xing, ¿qué más pruebas necesitas? - se giró a decirle a Dong Mi. -            Eso no significa nada, todos los presentes somos capaces de hacer esos soldados -Volteo a ver a Lis- ¿Estás bien? Qué gran movimiento. ¿Cómo lograste esquivarlo? -            Lo sentí, sentí su presencia ... -            Es verdad, Dong Min- interrumpió Karin - somos capaces de hacer los soldados de terracota, pero no somos tan tontos para utilizarlos cuando estamos todos nosotros en la misma habitación - dijo Karin - además, el señor Yamada, me informó que hubo una intromisión en la tarde -le dio una mirada de soslayo a Lis, un visitante no invitado. -            Amarilis sintió que estaba insinuando algo. Así que la miró directamente a los ojos. -            Sí, Wang Ren vino a verme -todos la miraron- Sin embargo, no creo que el haya preparado esto. -            Supongo que te ha ganado como Dong Min. Bueno es su encanto - dijo moviendo la cabeza en negación- solo ten cuidado no confíes mucho. -            Te lo agradezco, tendré cuidado – le contestó Lis, sonriéndole en respuesta. Volvieron a sentarse mientras esperaban al señor Yamada. El cual no demoró en llegar con la noticia que uno de los sirvientes había sido asesinado en el intento de proteger la mansión. -            Los guardias están revisando los alrededores, esto es inconcebible –dijo Yamada. -            Está claro que hay alguien que me desea muerta - dijo Amarilis. -            Estamos para protegerte, señorita Jones - afirmó Yamada -            debemos ser un grupo unido. Es una lástima que el poder del collar dejade solo cree y atraiga codicia en  algunos que desean el poder -le echó una mira a su cuello. Amarilis se dio cuenta que la piedra era visible, seguramente con el esfuerzo de la pelea el collar se había movido y estaba sobre su ropa - Imagino que no desea guardarlo en alguna caja fuerte. -            No creo que alguna caja fuerte sea resistible ante nosotros. Es mejor que lo lleve conmigo. -            Entiendo...bueno, aunque lo que acabamos de pasar es lamentable -afirmó dirigiéndose, esta vez, a todos -he de decirles que la reunión de los doce ha sido programada -todos escuchaban atentos -será el último día de agosto en Shanghái. -            Las fuertes negativas no se hicieron esperar, especialmente de Karin y de Zhang Liu. Con un movimiento, Yamada, los mandó callar.
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