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De enemigos a amantes: El secreto de Ahel

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escuela secundaria
de enemigos a amantes
secretos
personalidad múltiple
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Descripción

Ismael tiene un secreto y ese secreto es Ahel, su otra personalidad, una muy difícil de sobrellevar. Ha tenido una vida dura llena de problemas y cosas que lucha por olvidar. Cuando cree que nada puede empeorar, su eterna enemiga descubre su secreto y su ya complicada vida, se sale de control totalmente.

Axa es una odiosa chica popular e influencer en las r************* , en un intento de venganza contra Ismael, Ahel se revela invirtiendo la situación y demostrándole que es alguien con quien es preferible no meterse. Sin embargo, Axa empieza a sentirse atraída por él y aunque intenta ignorar sus sentimientos, la descarada, pero sensual, segunda personalidad de Ismael logra meterse en su mente.

Axa tiene clara su postura sobre Ismael, pero con Ahel todo es incierto y la línea entre el odio y el amor se desdibuja con facilidad en ocasiones. ¿Podrá Axa resistirse a la oscura pero atractiva personalidad de Ahel?

Libro I y 2

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Prólogo
En la parte baja de las escaleras que daban paso al sótano, permanecía un cuerpo sin vida. Los escalones bañados en sangre eran la fiel muestra de lo que allí había sucedido. Un camino que trazaba la ruta desde el sitio donde un evento desafortunado había tenido lugar. No la muerte del hombre, lo que provocó su muerte. Con empeño aquella mujer se esforzaba por terminar de bajar el cuerpo, mientras halaba al hombre por los pies. El peso de la culpa lo dificultaba todo, la culpa por haber sido incapaz de impedir que aquel hombre le hiciera daño a quien más amaba. Lloró con amargura su desafortunado destino, mientras se esforzaba por alejar a aquel malvado sujeto lo mas posible de un pequeño que lloraba a todo pulmón en la planta alta de la casa. La mujer se detuvo un instante dejándose caer de rodillas junto al c*****r, se llevó las manos a los oídos tratando de amortiguar el ruido, se sintió incapaz de seguir oyendo aquel desconsolado grito. – No… – murmuró suplicante mientras lagrimas caían como un torrente de sus ojos – No – repitió insistente una y otra vez, hasta que los gritos cesaron. Retiró sus manos temblorosas de sus oídos cuando el ruido cesó. Pero cuando las vio manchadas de sangre fue consciente de la gravedad de la situación. Su labio inferior temblaba, al igual que todo su cuerpo lo hacía, producto de la rabia y el dolor, apretó sus manos en puños mientras que todo el odio que surgía repentinamente en su pecho quería salir por su boca, pero no atinaba a hacer ningún tipo de ruido más allá de algunos débiles sollozos que rompían el silencio. Un golpe sordo la alarmó, uno segundo, producto de cuando algo choca con fuerza contra el piso o contra la pared. La mujer se puso en pie alarmada apartándose del cuerpo sin vida y corrió escaleras arriba mientras los golpes continuaron, avanzó angustiosamente lento para su gusto, pero por más que se esforzó no pudo acelerar su avance. El constante golpeteo constante contra una pared le indicó que de no hacer algo pronto, sucedería otra desgracia en su casa. Llegó angustiada hasta la habitación de su hijo y lo detuvo justo antes de que su cabeza golpeara la pared de nuevo. La frente del niño estaba llena de sangre, producto de los golpes que se había estado dando contra la pared, una herida al parecer poco profunda derramaba hilos de sangre cubriendo el rostro de su pequeño. Lo tomó de los hombros y lo giró hacia ella esperando que no fuera nada grave, aunque la situación era lo suficientemente grave como para considerar que él se encontraba bien. – Que deje de llorar – balbuceó el niño con la mirada perdida – mamá, dile que no llore mas – ¿Quién mi amor? – respondió la mujer apenas manteniendo el tono de la voz serena, mientras las lágrimas caían en silencio de forma angustiosa al ver todo lo que la maldad de alguien podía provocar. – ¡Que se calle! – gritó con desespero el pequeño mientras empezaba a golpearse la cabeza con las manos y se halaba el cabello de forma brusca – ¡Cállate! – la mujer lo abrazó con angustia sosteniendo su pequeño cuerpo entre sus brazos, intentando detener a su hijo, la sensación de o haberlo podido proteger le rompía el alma. – Nadie te hará daño de nuevo, nadie Ismael – el pequeño cesó de moverse y un llanto angustiado surgió de él, mientras su cuerpo se tensaba totalmente. – No – pronunció en un susurro – no, no… – la mujer lloró angustiada al ver la situación de su hijo, lo sujetó con firmeza de los hombros y lo miró tratando de hacerle saber que ella estaba con él, que no debía tener miedo, pero la escena era tan tétrica que hasta ella se sentía aterrada. – Escúchame – demando la madre tomando el rostro de su hijo firmemente mientras este dejaba de llorar y empezaba a negar insistente intentando soltarse – Isma, escúchame, todo va estar bien – el pequeño negó con frenesí, tomó las manos de su madre y las apartó de su rostro retrocediendo con una mirada totalmente aterrada en su rostro como si su madre lo asustara repentinamente. – Ismael no… – pronunció el pequeño caminando de espalda mientras se alejaba de su madre – Ismael no – chilló de repente y se llevó las manos a la cabeza de nuevo mientras empezaba a halarse el cabello con desespero – ¡No, Ismael no! – repitió una y otra vez en un grito angustiado – ¡No, Ismael no! La mujer lloró amargamente al ver lo que aquel hombre sin corazón le había hecho a su pequeño, la culpa le carcomía lentamente. – Hijo – lo llamó sin resultado, el niño escondía su cabeza entre sus brazos mientras negaba con insistencia – Ismael – ¡ISMAEL NO! – gritó el pequeño histérico mirando a su madre. La mujer agachó la cabeza sin poder soportarlo más tiempo, se dejó caer de rodillas en su sitio mientras aquella sensación agonizante en su pecho se abría paso y lloró con amargura y dolor. Se abrazo de nuevo entre llanto, justo en medio del desorden de juguetes ensangrentados de la habitación. Se llevó las manos a la cara sintiendo que todo era demasiado para poder soportarlo. No se percató que su hijo había cesado de llorar porque su propio llanto la ensordecía, hasta que sintió las pequeñas manos de su hijo sujetarla con cariño, mientras apartaba sus manos de su cara con las de él, cuando alzo la mirada vio serenidad en sus ojos azules, algo que dada la situación le pareció inmediatamente extraño, él la observó un instante y después desvió su mirada hacia sus juguetes, su rostro se descompuso de inmediato como si acabara de ver algo que lo asustara. – Mi niño – pronunció la mujer absteniéndose de llamarlo por su nombre al ver como había reaccionado recientemente, intento limpiarse las lágrimas y lo tomo de sus pequeños brazos. El niño la miró con sorpresa y miedo y luego miró alrededor como si aquel no fuera su cuarto. – ¿Por qué hay sangre? – preguntó observando hacia sus pies, él tomó las manos de su mamá y sus ojos se llenaron de lágrimas – ¿Mamá? – Ella observo con dolor a su hijo, no sabía que decir, no sabia que hacer, su pequeño parecía haber enloquecido – ¿Por qué tienes sangre mamá? – De repente la mirada de Ismael cambió, se tornó de un azul mucho mas claro, pero no serena como la que instantes atrás había mostrado, su mirada estaba perturbada y con voz ausente como si acabara de recordar todo habló de nuevo – mamá dile a Ismael que papá tuvo un accidente – Tu eres Ismael – Respondió la mujer con angustia. Ella lo tomó por los hombros negándose a aceptar que estaba perdiendo a su hijo, pero el niño negó soltándose de las manos de su madre y mirando las suyas propias mientras sus ojos volvían a llenarse de lágrimas al verlas llenas de sangre. – No le digas lo que hice… – suplicó empezando a llorar. – Ismael – ella lo sostuvo de los brazos y lo zarandeo angustiada – ¡Tú eres Ismael, eres mi hijo! – el pequeño negó entre llanto – ¡Sí, eres mi hijo Ismael! – repitió empezando a sentirse agobiada, mientras su hijo parecía cada vez mas perdido. Agachó la mirada mientras lagrimas caían de sus ojos con angustia, recordó la forma en que su padre lo llamaba y aunque odio evocar el recuerdo de aquel hombre lo llamó de esa manera. – Ahel… – el niño pareció serenarse al escuchar aquel nombre de labios de su madre. – Lo siento mamá, dile a Ismael que lo siento – repitió de nuevo – Mi niño – se lamento la mujer sin ser capaz de mirarlo – mi pequeño… lo siento – Díselo mamá, dile a Ismael que lo siento… – Ahel… – ella abrazó a su hijo rota al comprender la situación – se lo diré Ahel… prometo que se lo diré

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