Esas dos semanas pasaron rapidísimo. Tina planeó nuestra mudanza como si fuera una operación militar, incluso subió a mi piso y empacó mi ropa. En el otro extremo, fue Bella quien desempacó todas mis pertenencias y las guardó, salvo algunas que dejó en una caja de cartón. Cuando le pregunté por ellas, me dijo con determinación: "¡No quiero que me vean contigo con esas cosas puestas! Pronto iremos a Colchester y te compraremos ropa de campo de verdad". Cuatro días antes de la cena nos instalamos en nuestra nueva oficina. Era una habitación bastante grande, así que, aunque el escritorio de Tina estaba a pocos metros, no tendría que molestarme en usar el intercomunicador. Tina estaba contenta, aunque dijo que de todas formas la llamaría. El jueves anterior al sábado de la cena, Gerry y Emma

