MALCOLM No estaba acostumbrado a expresar mis emociones más profundas delante de los demás. Mi madre siempre estuvo demasiado enferma como para atormentarla más, mi hermano en un psiquiátrico, mi padre preso, y Star era muy joven. Conservar amigos si te la pasabas todo el día trabajando también me resultó casi imposible. Esa mañana me desperté con una dama abrazada a mi pecho, y su calidez me llenó. Ella era menuda, pero tenía la capacidad de esparcir unas sensaciones tremendas por todo mi cuerpo. Para empezar, consiguió que me abriera un poco. Era una chica poderosa. Respiré hondo, y no evité darme cuenta de que me sentía mucho más ligero que nunca antes. La habitación se encontraba a oscuras, porque las cortinas eran de esas que mantenían todo en penumbras, y el frío bailaba sobre n

