MALCOLM El día había llegado… Nunca pensé que sería tan excitante cumplir veintinueve años, pero así era. Esa mañana, Tara y yo desayunamos tarde, y ella se fue a preparar para «darme mi regalo». Por mi parte, fui a mi cuarto y terminé de acomodarlo todo muy sonriente, porque de verdad esperaba este día desde que prometió hacerlo. Una media hora más tarde, ella tocó la puerta y pasó, envuelta en una bata de baño. Sus ojos estudiaron curiosos los alrededores y arrugó la cara al ver un par de particularidades, aunque luego sonrió. —Tal parece que lo planeaste todo muy bien —musitó quedo. Me encogí de hombros como si nada. —Esta es una oportunidad de una vez en la vida, así que debo asegurarme de aprovecharla. Le hice una seña para que se acercara a la lona que se hallaba extendida en

