CEDRIC —Cedric, te digo que ya tienes treinta y dos años, y no veo que te estés esforzando lo suficiente. ¿Qué tan difícil puede ser hacer que una chica que está sola en el mundo se case contigo? ¿Dónde tienes tus pantalones, hijo? Te enseñé a ser un hombre, ¿no? Entonces ve por ella. Sí… como si fuera tan fácil. Mi padre, ese que hablaba medio borracho por el whisky que tomaba desde que terminó de cenar, me miraba con desdén mientras soltaba una retahíla de exigencias para las que yo todavía no tenía solución. Solté una exhalación y ladeé la cabeza, jugando con mi propio vaso, revolviendo el contenido. —No puedo solo forzarla, padre. Tara no es idiota. ¿No ves cómo me rechazó en la fiesta delante de todo el mundo? Y encima se fue con ese estúpido asistente nuevo que tiene… Es un mald

