MALCOLM La mañana del primer día del nuevo año no fue para nada lo que esperaba. Para empezar, estaba trasnochado, y no por lo que cualquiera imaginaría, una buena noche de se.xo, o madrugada… para nada. Luego de encontrar los papeles del tal David, Tara se fue a su habitación, se cambió y trató de dormir, pero no lo consiguió. Y yo tampoco. Esa mañana, mientras ella se distraía preparando el desayuno, revisé mi celular al tener una alerta por nuevo mensaje, y descubrí una curiosa respuesta. «¿Te parece en un sitio neutral y seguro? No hay muchos bares abiertos hoy por la ciudad». Resoplé y miré a la pelinegra, que freía huevos como si se tratara de una misión de alto riesgo, y prensé los labios. —Tara, ¿verás a Hazel hoy? Se detuvo por un segundo y frunció el cejo. —Le dejé un men

