PAUL Siempre era bueno tener a los amigos cerca, y a los enemigos todavía más. Esa era la historia de mi vida. —Paul, la precampaña ya está en marcha… ¿puedo contar con tu apoyo? El alcalde estará muy agradecido. Aquel comentario casual me supo a nada mientras fumaba un puro en mi oficina. —Por supuesto, Theodore, siempre y cuando yo también cuente con el tuyo. Aquel barrigón me miró sonriente y asintió con la cabeza. Él también se fumaba un puro, pero tenía la gracia de una piedra para hacerlo. Aunque la mona se vistiera de seda, mona se quedaba, así de simple. Una nube de humo apareció ante mí luego de soplar, y carraspeé. —¡Tenlo por seguro, Paul! ¿Alguna vez falté a mi palabra? —preguntó un tanto inquieto. —¿Quieres que te recuerde las ocasiones? —solté puntilloso y lo observé

