MALCOLM Me fui directo al baño después de encontrar ropa decente, y no pude hacer más que maravillarme por la espléndida vista que tenía desde el ventanal. La ciudad era preciosa de noche, tanto que no pude evitar sacar mi celular y tomarle una foto. Era afortunado. Lo era, ¿verdad? Y, sin embargo, también fue una fuerte bofetada que me decía que mi jefa y yo pertenecíamos a clases sociales diferentes y que, si quería quedarme aquí para poder saldar mis deudas y ayudar a mi familia, debía cerrar el pico y hacer lo posible por escalar. Me metí a la gran ducha, y al salir vestí unos jeans, una camisa y un blazer, nada del otro mundo. Me peiné y me arreglé lo mejor que pude, un poco de colonia y fijador por acá y por allá, y salí. Bajé las escaleras y me quedé en la sala de estar, en el

