MALCOLM Fruncí el cejo apenas darme cuenta de su presencia, e instintivamente me puse a la defensiva. —¿Qué haces aquí? Enseguida escuché una risita de parte de Callen que me chirrió hasta el fondo de mi ser. —Oh, muchacho, ¿no lo sabías? Tu padre salió de la cárcel hace unas semanas. Lo dejaron ir por buena conducta, y desde entonces trabaja conmigo en un programa del gobierno que busca reformar dro.ga.dic.tos —relató muy calmo y miró al otro pelirrojo con curiosidad—. Me he encargado de llevarlo por el buen camino; después de todo, es mi viejo amigo, y lo último que querría es que vuelva a terminar tras las rejas. Todos nos merecemos una segunda oportunidad. Y no le creía. ¿Cómo podría? Desde que este hombre me abordó para que lo ayudara a mentir sobre mi jefa, porque era evidente

