Capítulo 5.

1583 Palabras
mes en esta ciudad, solo llevo casi quince días y todo es un caos, siguiendo los pasos de Camorra, 'Ndrangheta a nada de declararnos la guerra e infinidades de problemas más que me harán estar lejos de mi hijo por varios días más. Era la primera vez que estaba a muchos kilómetros de distancia de Ignati, desde que había llegado a mi vida no me separé de él y ahora por cuestiones de la mafia o mejor dicho de la familia me mantenía muy lejos de verlo, estaba meditando su idea de venir a este país para que pase unas semanas conmigo, además no le vendrá mal conocer otras culturas porque tiene razón cuando me dice que lo mantengo encerrado, en mi defensa solo lo protejo del peligro que conlleva ser su padre. — No se que haremos — me dice mi hermano suspirando. Estamos en una videollamada tratando de procesar todo lo que vendría. — Entregarla solo significa que la entregamos a una muerte segura — comento masajeando mi cien. — Les dije hace dos años que esto nos iba a traer problemas, ahora a Sasha y por ende la familia de Dmitri está en peligro — agrega mirándome con descontento. —No imaginé que se terminaría enredando con Ferrara — Gavriel me da una mirada molesta. — Está bien, le dije que lo seduzca, pero no pensé que pasaría esto y salga embarazada. Creo que ella está enamorada, pero violó el código de la mafia y eso solo significa muerte — agrego suspirando. — Natasha es la mujer más poderosa ahora, su primogénito heredero de la Bratvá y su bebé próximo líder de 'Ndrangheta. La coloca intocable, pero como dijiste la ven como una traidora — comenta mi hermano negando su cabeza. — La tengo resguarda por ahora, se que cuando Ferrara encuentre a Sasha lo usará de carnada y no quiero que eso suceda — declaro dándome cuenta de la dimensión de los problemas en los que estábamos. — Debemos hablar con Dmitri y Helena, para que manden a Sasha a Rusia conmigo — dice con seguridad. — Dmitri nos va a matar y sobre todo a su hermana — acoto. — Es que estamos inclumpiendo con el trato que teníamos, pero debe entendernos — asegura mi hermano. La trasmisión de nuestra videollamada es interferida y de la nada una tercer persona se agrega provocando que gruña al ver cómo fue capaz de violar nuestra seguridad informática. — Ferrara — sisea Gavriel. — Señor Rey de la Bratvá — lo saluda. — ¿Cómo mierda hiciste para violar nuestra seguridad informática? — espeto cabreado. — No eres el único genio de la informática — me contesta con media sonrisa. — No voy a negociar con la mafia italiana — sentencia mi hermano. — Ella lleva a mi hijo, mi heredero y la quiero conmigo — declara. — Ella es una princesa de la Bratvá, por ende no vamos a dejar que la mates — intervengo. — No la pienso matar, la quiero como mi mujer y ella siempre huye de todo — nos dice suspirando. — No confío en tus palabras — acoto mirándolo de la peor forma. — No vamos a llegar a ningún punto, porque como te dije mi prima es una princesa de la Bratvá, nadie los toca — declara Gavriel con firmeza. — Ella será la reina de la mafia calabrese y seré directo, me la devuelven o iré por su heredero — sentencia levantando su teléfono para mostrarnos un vídeo de Sasha mientras entrena en los campos de fútbol americano en su escuela. — Hijo de puta — siseo. — Tienen cuarenta y ocho horas para entregarme a Natasha o juro que lo mataré — nos amenaza y termina la llamada dejándonos a los dos completamente cabreados por la situación. Ese maldito mafioso italiano se había atrevido a amenazarnos y sobre todo poniendo una de sus condiciones para que cumplamos con lo que pide. — Renueva la seguridad informática, hablamos en un par de horas — dice mi hermano molesto. Enojado porque ese maldito italiano usaron un nuevo troyano mucho mejor del que había creado hace años y encima había hackeado nuestro sistema de seguridad informática. Debía inventar algo más poderoso, porque será la última vez que algo como esto nos pase, nadie podía amenazarnos de esta forma de nuevo. *** Las malditas galas benéficas son lo peor de las fundaciones, pero se necesitaba de ellas para lavar dinero y sobre todo evadir impuestos, por eso estaba entrando en el gran salón del hotel donde se hará una subasta de obra de artes con fin de recaudar fondos para el nuevo emprendimiento de la fundación Meitzner. No solo venía por compromiso sino que ellos también son parte de mi familia. — Gauss — la voz de mi primo Dmitri me hace detener. — ¿Qué sucede Dima? — inquiero agarrando una copa de champagne que me ofrece una mesera. La sonrisa que me dedica solo me hace sonreír a mí, tengo mi víctima para esta noche llevar al club. — ¿Qué es eso con urgencia que Gavriel y tú quieren hablar conmigo? — me pregunta. — La verdad no tengo idea — miento haciéndome el desentendido. — Se que lo sabes y me imagino por dónde viene la cosa — declara para mirar a donde está Sasha riendo con su mejor amigo Noah. No me atrevo a decir nada, no quería preocuparlo ahora, ya mañana sería otro día y lo pondría al corriente de lo que sucedía, sobre todo contarle que su hermana está embarazada de un mafioso. — Solo hagan todo por cuidarlo — me pide al mirarme nuevamente a los ojos. — Eso siempre, así como cuidamos a toda la familia — declaro viendo cómo la mesera vuelve a pasar por mi lado dedicando una sonrisa coqueta. Espero que ella sea buena y podamos pasar tres o cuatro puertas del infierno. Lo necesitaba sobre todo después de todos los problemas que teníamos, porque perder el control de mis manos es lo que me estresa. — Gauss — me saluda Alexander cuando nos cruzamos. Había tanta gente que solo caminaba por el gran salón mirando las obras de artes, pensando cuál quedará perfecto para el salón de mi casa en Rusia. — Alexander — choco mi copa de champagne con la suya. — No sabía que estabas en Chicago — comenta. — Hace unas semanas llegué, temas de trabajo — acoto restandole importancia. — ¿Tú hijo? — me pregunta. — Dándome dolores de cabeza y creciendo muy rápido — le respondo con una gran sonrisa. Ignati podía darme todos los dolores de cabeza que quiera, pero es mi gran debilidad y lo que más amo en esta vida. — Te entiendo — asegura negando su cabeza. — ¿Ya no vas al club? — inquiero. Alexander y Eric eran socios VIP, pero hace tiempo que no iba n. — El sexo que tengo con mi esposa es mucho mejor de lo que puedo obtener de una desconocida. No necesito más de eso, con Amy somos puro fuego en la cama que no se compara con nada de lo que viví en tu club — declara con media sonrisa. — Esas cosas no entiendo — murmuro. — Cuando llegue la mujer de tu vida, me lo entenderás amigo mío — asegura palmeando mi hombro. — No le encuentro lógica a tus palabras — digo sonriendo viendo cómo la mesera vuelve a pasar por delante mío y muerde su labio inferior incitando a que la siga. — Veo que ya tienes una angelito para corromper — bromea. Dejando a Alexander de lado, sigo a la mesera, que me da una mirada atrevida antes de perderse por un gran puerta, pero para mí mala suerte al empujar para ir detrás de la chica golpeó a alguien y siento como mojan mi camisa. ¡Mierda! — ¡No miras por dónde vas! — exclamo molesta mirando como tendría que tirar la camisa cuando llegue a casa. — Fue tu culpa — contraataca. Mis ojos se levantan para ver los ojos negros de la mujer y bufar al reconocerla, la madre que pierde a su hija cada dos por tres. — Definitivamente no miras por dónde vas — sentencia volviendo a bufar. — Mándame el ticket de la tintorería y solucionamos el problema — me contesta haciendo que la mire indignado. — No tienes idea de la fina tela que es esta camisa de la colección de Versace, está mancha no salen la tendré que tirar — exclamo. — Exagerado — dice rodando sus ojos y cruzando sus brazos. — Estoy perdiendo el tiempo contigo — masculla volviendo a mirar sus ojos cargados de enojo. — Yo también — gruñe pasando por mi lado chocando nuestros hombros, provocando que sonría ante su comportamiento infantil. Sin borrar mi sonrisa me giro para mirar como camina lejos mío, me atrevo a apreciar su cuerpo enfundado en un vestido n***o que si fuera más ajustado a ella, le quedaría mucho mejor. Niego mi cabeza divertido volviendo centrar mis ideas, creo que sería lindo llevarla al infierno conmigo, corromperla como me gusta hacerlo, pero luego recuerdo que ella no es el tipo de mujer que se dejaría controlar así que todas mis ideas se borraron, recordando que debía buscar a la mesera, ella es mi angelito a la que la llevaré a disfrutar los placeres del infierno, solo espero que aguante.
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