Verla dormir se había convertido en mi nuevo pasatiempo. No iba a negar que mi amigo, aquel que dormía en mi entrepierna, se quejaba por no tener uso con ella. Pero no quería apresurarla. Bastante tenía con su vida complicada para yo sumarle que quería hacerle el amor. ¿Hacerle el amor? «Hace años dejé de usar esas palabrerías», me reí de mis propios pensamientos. Debido a mi trabajo, las mujeres preferían tenerme para una escapada, sexo rápido, pero nada serio. Lamentablemente, nunca estaba disponible cuando me necesitaban. Me perdía muchas fechas importantes y la mayoría de las veces las chicas se cansaban de mi trabajo. —Mi pequeña rusa, si supieras todo lo que despiertas en mí, no estarías durmiendo tan plácidamente sobre mi pecho —susurré. Su respiración era pausada, sus ojos esta

