Capítulo Quinto.
Lily.
Continuo la reunion como pudo, ignorando la miradas de soslayo que le daban los presentes. Si sospechaban algo, no abrieron la boca, al menos no por ahora.
Ya sentada en su oficina, a punto de terminar la jornada laboral sono su teléfono.
El nombre de Nina Black ocupaba la pantalla, haciendole un nudo en el estomago.
–Hola, Nina.
Carraspeo, girando en su silla, debatiendose por un segundo en no atender la llamada.
–Lily, disculpa que te moleste. Queria saber si podríamos vernos en The Cow’s End Cofe.
Miro el reloj de su muñeca, en diez minutos podría llegar al lugar sin problemas.
Se pregunto a que se debía dicha invitación.
–Claro, me tomara diez minutos el llegar. - Se mordió el labio indecisa. – ¿Sucede algo?.
Un segundo de vacilación del otro lado de la linea fue suficiente para responder su pregunta.
–Simplemente hay algo que quiero discutir contigo, te espero allí.
Corto sin más, haciendo que el nudo en el estomago de Lily creciera a limites descomunales. Donde Nina Black presentara una queja por el comportamiento de hoy, su trabajo se iría al demonio.
Nego, tomando sus cosas, marcando la hora de salida, sin poder evitar mirar hacia el escritorio vacío de Margot. Tomo nota mental de marcarle para saber que demonios estaba pasando .
Llego al lujoso café en menos de diez minutos, al entrar fue guiada hacia una mesa donde Nina Black la esperaba con una expresión de seriedad rara en una persona tan radiante como ella.
Tomo un respiro, sentandose y cruzando las manos sobre la mesa.
–Sueltalo, ¿Que sucede?.
La observo meter la mano en su costoso bolso, para dejar un carrete de fotos frente a ella.
El mundo se paro por completo al analizar a las dos personas sonrientes en las cinco pequeñas imágenes que tenia enfrente, desconociendose del mundo tomo el carrete en sus manos, sintiendo las lagrimas formadose detrás de sus orbes.
Recordaba aquel dia, que parecía tan lejano, eran Maximilian y ella en la fiesta anual de primavera. Dentro de aquella cabina habían compartido besos, abrazos, parecían una pareja enamorada, radiante.
Alzo la mirada, encontrandose con una expresión dulce en el rostro de Nina.
–Siempre me pregunte quien era la mujer que lo acompañaba, quien tan especial como para guardar esto en su billetera. . - Le señalo el carrete que aun no había podido, o querido, soltar. — Cuando te vi por primera vez algo en tu rostro me sono vagamente familiar, no le preste atención, hasta que vi la forma en la que interactuaron hoy.
—Yo…
Nina alzo una mano, cortando su explicación.
—No es de mi incumbencia lo que sucedió entre ustedes, no a menos que desees contarmelo en algún momento. - Se inclino sobre la mesa, tomando una de sus manos dandole un apretón gentil. — Creo que todos tenemos nuestras mierdas como para inmiscuirnos en las de los demas, lo único que quiero saber es si esto afectara tu desempeño como organizadora de mi boda, nada más.
Era demasiado, demasiado para procesar, demasiada emociones sacudiéndola de repente.
Odio la sensación de debilidad que la embargo al mirar la foto, al ver su versión de ella que ya no existia.
Suspiro, mirando hacia arriba, odiando las lagrimas que querian salir.
—Puedo prometerte que esto no afectara mi desempeño, soy profesional y se separar el sentimentalismo de mi labor. - Dejo la foto en la mesa, deslizándola en dirección a Nina. — Tendrás la mejor boda del año, te lo puedo asegurar.
El rostro de Nina se ilumino, sin embargo, había algo en sus ojos, un brillo de vieja casamentera diría ella.
—Lamento todo esto, si me lo preguntas me caiste bien desde el momento en que pusiste un pie en mi casa, pero tengo demasiado presión con la familia de mi esposo como para cometer cualquier error.
—Lo entiendo. Estas en todo tu derecho.
No sabia como continuar la conversación desde ese punto, había tenido demasiado con la propuesta como para ahora sumar este subidón de emociones.
Se disculpo con Nina por marcharse tan pronto, sabiendo que la mujer lo entendería y asi lo hizo.
En cuanto puso un pie fuera del lugar, tomo su teléfono marcando un numero, dejando que la brisa le acariciara el rostro y se llevara todo con ella.
—Artesania Azteca.
—Oliver, codigo de emergencia, Necesito que me esperes con algo fuerte.
—¿Vodka?.
—Quizás un Tequila estaría bien.
El pelirrojo carcajeo del otro lado.
—Marchando un tequila con limón y sal, una manta peluda y una caja de pañuelos.
No pudo evitar sonreir, mientras se subía al coche rumbo a una noche de confesiones.
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Cuando llego a su casa tiro el bolso encima del sofa, encontrandose con Oliver esperándola en el salon acostado en el suelo con una de esas mantas que prometen arreglarte la vida.
En la mesita de cristal había una botella de tequila, limones y sal. Una invitación para hacer sufrir al hígado por una década.
—Pasa al confesionario Señorita.
Alzo un brazo, señalando el lugar libre, preparando dos chupitos con maestria,
Liliana tiro los tacones por ahí, sin importarle el paradero. Empinandose el primer trago de liquido que le prendió fuego la traquea.
—¿Que esta sucediendo?.
—Que no esta sucediendo mejor dicho.
Le tendió el chupito, el cual fue llenado nuevamente.
Fueron necesario cinco de esos para aflojar su lengua.
Le conto todo a Oliver, cada detalle, cada palabra. La conversación con Nina y la propuesta que había obtenido esa misma tarde.
— Vaya, tenemos suficiente para una novela aqui - Lo fulmino con la mirada. - ¿Quieres mi concejo?.
Liliana rodó los ojos, tomandose otro trago.
—Sí.
—Ahí te va. - Se acomodo en el asiento, para tomarle las manos. - ¿Lo deseas?.
—¿Qué?.
—Sexualmente, tonta. ¿Quieres estar con el?, foll4ar, intim3ar. Como quieras llamarle.
Cerro los ojos, suspirando.
—Como a nadie más en el mundo, lo deseaba hace tres años y lo deseo ahora con más intensidad. - Una lagrima traicionera bajo por su mejilla. – Pero lo odio y no se si puede lidiar con eso.
Oliver suspiro, dandole un pequeño apretón reconfortante.
—Lo que te voy a decir no te va a gustar, pero soy tu mald4to mejor amigo y me toca hacer estas cosas. Tu no lo odias Liliana, no te mientas a ti y no me mientas a mi. Estas dolida por lo que paso, pero no lo odias y creo que jamas vas a hacerlo.
—Entonces, ¿Que quieres que haga?.
—Quiero que tomes ese teléfono y le mandes un mensaje, aceptes esa propuesta bajo tus propios términos. No le des el poder, tenlo tu. - Le soltó las manos, para limpiar las lagrimas que habían caído. — Quiero que hagas lo que te llene, y te haga feliz. Esta con el y si ves que no puedes soportarlo mandalo a tomar por cu4lo.
—Pero tengo miedo, joder.
Una expresión tierna se apodero de las facciones de su mejor amigo.
—La vida es una, Nena. No hay tiempo para el temor, para dudas. Vive, disfruta. Hazlo ahora que el tiempo corre pero sigue estando de tu lado.
Pensó en su madre, en el rencor que la amargo para siempre, y decidió que ella no quería seguir ese camino de miseria.
—Gracias, te mereces un Premio Novel.
—Lo se, lo se. Ahora toma ese teléfono y comienza a vivir.
Tomo el teléfono, escribiendo el numero con rapidez.
“Acepto, pero antes tenemos que hablar”
Le dio a enviar, sabiendo que no había vuelta atrás.