Liliana.
El silencio que vino después del reencuentro se tornó el más incómodo de su vida.
Tenía al hombre que había destrozado su corazon y sus ilusiones frente a ella, luego de tres años aún no estaba preparado para verlo. Su mente hizo la conexión rápidamente al ver los rostros de los hermanos, no eran idénticos, pero si bastante parecidos, el verde en los ojos de Nina era más claro dandole una mirada llena de inocencia, por contrario Maximilian tenía una tonalidad de matices más oscuros con unas pequeñas motitas amarillentas, haciéndolo poseedor de una mirada digna de un depredador, cargada de secretos y promesas escondidas.
El tiempo no había echo más que marcar sus facciones dándole un toque varonil, cuerpo más fibroso enfundado en un traje a la medida color n***o, con una camisa vinotinto.
Se encontraba arrebatadoramente sensual, como una fruta prohíba brillando ante los ojos de un pecador.
—¿Ustedes se conocen?.
La voz de Nina cargada de curiosidad fue como un balde de agua fría, haciéndola despertar de su letargo.
Automáticamente tomo el control de su cuerpo en una pose rígida, con una caparazón impenetrable, había aprendió a controlar sus emociones con maestría.
Dio otra calada al cogarrilo, más profundas que las anteriores, y lo apago en el cenicero postrado en la mesa. Con elegancia tomo el maletín, su celular y las llaves del coche.
Sentía la mirada estupefacta de Maximilian clavada en su espalda, el solía decirle que odiaba a las mujeres que fumaban por el olor desagradable que desprendía el tabaco al ser consumido.
—No mucho. Coincidimos en una galería parisina, hace unos largos años atrás.
Dijo una verdad a medias, se conocían muy bien, pero realmente la primera vez que lo tubo frente a ella fue en su país de origen, Brasil.
Esperaba que el no desmintiera sus palabras, aunque era algo difícil, Maximilian solia ser un hombre reservado y muchas veces frío.
—Debo irme. Gracias por la hospitalidad.
Sin esperar respuesta alguna salió casi corriendo de allí, con la respiración acelerada y el latir de su corazon pitando en sus oídos. Apuro el paso al oír las pisadas apresuradas detrás de ella. Sabía muy bien a quien pertenencian, pero no quería enfrentarlo, aún no estaba lista, no le bastarían ni cinco años para estarlo.
—¡Liliana!, ¡Espera!.
Hizo oídos sordos ante su voz, aún entonaba su nombre como si fuese una caricia.
Las lágrimas comenzaron a aglomerarse en sus ojos cuando todos aquellos sentimientos guardados florecieron con fuerza estrujandole el pecho.
—¡Liliana!.
Bajo las escaleras corriendo, con la mayor velocidad que le permitieron los tacones negros, llegó a su coche con manos temblorosas desactivó la alarma, abrió la puerta y se sentó tras el volante.
Al momento en que cerraba la puerta y encendía el Minie Cooper lo diviso corriendo en su dirección, con el cabello echo un desastre, casi le parecía una ilusión, sino fuese por los sentimientos que le desestabilizador los latidos y la mente.
No espero un segundo más, aceleró haciendo que los neumáticos produjeran un chillido, hasta podría asegurar haber dejado una mancha oscura en el mármol, lamentó el trabajo que costaría sacarla, aún así no bajo la velocidad, llegando en unos segundos a la verja semi abierta.
Echo una mirada por el retrovisor, Maximilian corría en su dirección, gritando algo a un pequeño aparatito en su mano. Supo lo que hacía cuando las rejas negras comenzaron a cerrarse.
«Al carajo.»
Fue el pensamiento de Lily, aceleró saliendo a la calle, casi quedando atrapada entre las puertas de metal que se cerraban.
No se calmó hasta unos kilómetros después, bajando la velocidad marcó el teléfono de Margot colocando el manos libres.
—Hola, nena. ¿Cómo te fue en la reunión?.
La Catarina voz de su mejor amiga se coló en el coche, dándole un poco de confort y control en su vida. Intento olvidar lo que acababa de suceder, fallando en la tarea. Su cuerpo la traicionaba, muy el fondo separado de todo el dolor, el deseo se arremolinaba con fuerza, nunca se había acostado con Maximilian, no por falta de ganas, sino por las negativas de esta. Ella recordaba cuanto lo aclamaba su cuerpo, tres años después seguía sintiendo ese tirón en su bajo vientre.
—Mejor de lo esperado. Mar creo que el calor me está pasando factura, me iré a casa no me siendo muy bien. ¿Podrías cancelar todos los compromisos que restan?.
La línea quedo en silencio por unos momentos, Margot la conocía mejor que nadie, Liliana nunca faltaba al trabajo aunque se estuviera muriendo de gripe o cualquier otra enfermedad.
—Es tu día de suerte, no tienes más tareas pendientes por hoy, sólo queda firmar el embarque que traerá las telas para la señorita Mullen, pero yo me encargaré.
—Gracias, no se que haría sin ti. Nos vemos a las siete, Mar.
—Sabes que puedes contar conmigo para hable de cualquier cosa, ¿Verdad?.
Silencio.
—Lo sé Rubia, lo sé.
Lily se limpio una lágrima traicionera que le humedicio la mejilla, suspiro con los ojos fijos en la carretera y le dio otra calada al nuevo cigarrillo en sus manos. El sabor a menta le inundó la lengua tranquilizando sus nervios.
—Bien, cuidate. Nos vemos a las seis.
—Adiós.
La comunicación se cortó, sabía que tarde o temprano debería dar una explicación, dolía tanto revelar su pasado que le era sumamente difícil abrirse. Pero esta vez era diferente, necesitaba realmente hablar con alguien.
Y mucho alcohol que tendría ese mismo día, cada viernes todos los miembros de la oficina salían de copas y baile a un pequeño club nocturno de música latina y karaoke.
«Necesito demasiados esta noche para olvidar.»
***
El reloj de su móvil marcaba las seis con cuarenta cuando terminó de maquillar su rostro, se levantó del asiento echándose una mirada en el espejo de cuerpo entero empotrado en la pared azul cielo.
Quedó conforme con el reflejo que le devolvía la mirada.
Se encontraba enfundada en un vestido de color n***o satinado, sin sostén, el escote recto mostrando la cresta de sus senos, finos tirantes sostenían la parte delantera.
La tela se pegaba con maestría a sus prominentes cuevas, dejando en evidencia la sangre latina que corría por su venas gracias a su madre.
El cabello lo había dejado suelto y lacio cayendo hasta su trasero, la única joya que portaba era una delicada gargantilla plateada con apliques más largos en medio de su cuello.
—Lily, ¿Estas lista?, Mar está abajo con el taxi.
—Ya voy.
Gritó a Oliver que se encontraba aguardando detrás de su puerta, tomo el pequeño sobre de mano que contenía dinero y si teléfono.
Irían en taxi puesto que ninguno se encontraría en condiciones para manejar cuando terminara la noche.
—Wow...¿Quién es está artesanía azteca que estoy mirando?.
Una carcajada salió de su boca al escuchar a Oliver, el era todo alegría y ocurrencias locas que sólo te hacían reír sin parar.
—Lo mismo me pregunto pelirrojo, estas para comerte con aderezo o sin él.
Le guiño un ojo cerrando la puerta a su espalda observando a su amigo, Oliv era una belleza exótica de retinas mieles claras, piel pálida y cremosa con una galaxia de discretas pecas esparcidas en la nariz y las mejillas.
Un metro ochenta de músculos y tatuajes echos por su propia mano, muchos de los dibujos que Lily adoraba tener en su piel eran obra de su mejor amigo.
Tener un tatuador profesional como compañero de casa y secretos poseía su lado positivo, más cuando Lily amaba ser el lienzo de Oliver, lo había acompañando a un sinfín de convenciones estando horas dejándose penetrar la piel por las agujas, trayendo consigo nuevos dieños en su cuerpo.
—Tan perversa como siempre, Paloma alocada. Ahora marchemos que mi diosa tierna nos espera.
Negó con la cabeza, aunque su amigo estuviese bromeando, el brillo en sus ojos delataba la parte verídica de sus palabras, estaba pillado por Margot hasta las pelotas. Liliana no entendía como su amiga rubia parecía ciega ante lo evidente, pasaba de hombre en hombre buscando un amor que tenía justo frente a sus narices.
—Les pediría un trío, pero no quisiera crear momentos incómodos entre nosotros y soy más hetero que una monja. Aún así están de muerte los dos.
—Ni lo pienses.
Le susurro a Oliver cuando este estuvo apunto de abrir la boca para dar una segura afirmativa, con tal de darle un beso a su amada sería capaz de cortarse un dedo y luego comérselo. Un trío era un nimiedad. Aunque sabía que le dolía verla en brazos de otro hombre.
—Tu también estas hermosa, Margot.
—Gracias, Oliv.
Liliana se sentó junto a la puerta inventando la escusa de que necesitaba la brisa proporcionada por la ventana sino moriría asfixiada por el calor, la verdad sólo Oliver pudo pillarla regalandole un guiño en agradecimiento.
Sólo quería que ambos se sentarán juntos, nada le gustaría más que sus mejores amigos estuviesen juntos. Eran tal para cual, y aunque Mar decía que no sentía nada más haya que el cariño fraternal, Lily era buena observadora y el brillo en los ojos de su amiga cuando miraba a Oliv la delataba.
«Dios me los junte, aunque me guste andar de casamentera soy una Cupido muy descuidada».
Sonrió para sus adentros, dedicándose los cinco minutos de viaje a mirar por la ventanilla del coche.
Cuando llegaron a su destino era el viernes que le tocaba a ella pagar el transporte, así que le tendió un billete al señor mayor detrás del volante y con una sonrisa le dijo que se quedara con el cambio.
En la puerta del antro se encontraban sus compañeros de parranda y oficina.
Keyla, Chloe, Patrick, Dan y Uriel.
Un quinteto de divertidos seres que se encargaban de asistir todos y cada uno de los viernes del año, era como un ritual de relax al culminar la semana.
Saludaron a todos y los ocho se adentraron al club sin hacer fila, hace más de dos años venían cada semana, eran miembros VIP y muy amigos del dueño.
La música estalló con fuerza al adentrarse a la pista haciendo que el cuerpo de Liliana vibrara, amaba bailar, dejarse llevar en la semi oscuridad gracias a las luces de colores que danzaban encima de sus cabezas.
Como todos los viernes se sentaron en un reservado con sillones blanquecinos y pidieron la primera ronda de la noche.
Rieron, bebieron y charlaron intentando oírse entre el tumulto eufórico.
Ya en su quinta piña coloda Liliana se sentía bastante tocada por el alcohol, esa familiar sensación de cosquilleo y calor le recorría el cuerpo. Quería beber hasta no poder más, necesitaba olvidar y rápido.
Se bebio dos más antes de salir a bailar arrastrando a Chloe con ella. Sentía su equilibrio bastante afectado.
—¡Jodeeerr!, aammo esstaa putta cannciionn.
Gritó eufórico cuando la música de su país inundó el lugar, en algún momento su amiga se perdió entre la muchedumbre. No le dio importancia comenzó a sacudir sus caderas, mover el trasero y la cintura como aquel ritmo brasileño lo demandaba.
Miro delante suyo con la vista bastante distorsionada por el alcohol, igualmente en su mente alcoholizada pudo reconocer el cabello rojizo y la cabellera rubia de la chica a la que Oliver le devoraba la boca, Margot.
Soltó la risa floja y sin sentido típica de los ebrios, no le importó, continuó moviendo el cuerpo, sintiéndose mareada pero libre, libre de los problemas.
Hasta que unos brazos demandantes y fuertes la sujetaron por la cintura. Se giró con una sonrisa tonta he intento besar a quien sea que la había tomado.
El hombre corrió el rostro a tiempo haciendo que sus labios impactaran en una mejilla vagamente cubierta por una capa de barba. Liliana posó sus brazos en el cuello fuerte, demasiado alto haciéndola poner de puntillas.
Aspiro el aroma almizclado del misterioso ser, en alguna recóndita parte de su mente se encendió una alarma.
—Oyyyeee, ddaaameee unn bbessitoo.
Carcajeo como una niña pequeña, moviéndose al son de la música, los firmes brazos se apretaron con mayor fuerza a su alrededor, sin llegar a hacerle daño.
—Estas ebria, Liliana. Ven conmigo.
La furia era clara en aquel tono.
Si no hubiese tomando tanto alcohol quizás estaría corriendo con fuerza, pero su mente procesaba la situación lentamente.
—Eyy yooo coonozzcoo essaa voooz. Nnoo ppuueddo iirmmee.
En un momento tenía los brazos de Maximilian a su alrededor y en el otro su mundo se encontraba de cabeza. Las náuseas no se hicieron esperar, no podía ver nada más que figuras borrosas y fugaces.
No supo en que momento cerró sus ojos cayendo en el típico sueño automático que tu cuerpo Acciona como mecanismo de defensa cuando ni una gota de alcohol más entra en tu cuerpo. Sólo supo que allí aunque cargada como una bolsa de papas sobre su hombro, se sentía segura.
Se despertó a la mañana siguiente gracias al sol que entraba por una ventana abierta dando de lleno sobre sus párpados cerrados.
Gimio de dolor al sentir el dolor de cabeza como una puntada constante, abrió los ojos con lentitud, cuando estos se adaptaron a la intromisión de la luz quedo congelada.
No estaba en su habitación, ni en ninguna que reconociera.
Automáticamente tomo las sábanas en sus manos y las levantó con rapidez.
—¡Joder!.
Lo único que cubría su cuerpo era una camiseta de hombre varias tallas más grandes, sin ropa interior, y sin nada más que aquella tela que parecía cara.
Miro a su alrededor, la habitación era enorme, con grandes ventanales a su espalda del techo al suelo, pintada de colores claros y muebles oscuros, una habitación masculina que gritaba soltería en cada rincón.
«Muy bien Liliana piensa, no sabes donde demonios está tu ropa, no hay señales de tu celular o documentos y no sabes con quien carajos te acostaste anoche.Tal vez se apiade de tu alma y te lleve a tu casa»
Al menos agradeció despertar sola en la cama, más incómodo sería tener a su ligue de la noche a su lado. Había pasado varias veces por esta situación, en aquella etapa de su vida que decidió dejar atrás por su bien, tener sexo con cualquiera por despecho no la llevaría por un buen camino, lo había aprendido.
Así que con toda dignidad se levantó de la cama tocando el frío suelo con los pies, abrió la puerta frente a la cama saliendo a un pasillo en penumbras. El olor a huevos revueltos hizo rugir su estómago.
Se guió por el ruido de ollas y el aroma a la comida, tomando una respiración profunda entró a lo que supuso sería la cocina, miro las uñas de sus pies pintadas con laca negra.
No quería mirar con quien carajos había follado, sentía vergüenza y nerviosismo por una extraña razón.
—He pasado por esta incómoda situación muchas veces, así que supongo te agradezco por un polvo que no recuerdo. ¿Podrías darme mi ropa así me marcho?.
—Así que acostumbras a despertar en camas ajenas.
Automáticamente su cabeza se levantó con rapidez provocando un mareo, frente a ella y dueño de aquel tono con un deje de rabia se encontraba la última persona en el mundo que quisiera ver.
—¿Maximilian?.