La boda de plata

2105 Palabras
Tres meses después… Montenegro es donde inició la segunda oportunidad de Luciana y Guillermo. Todo el lugar está rodeado de pura naturaleza, donde también se respira aire puro. Durante el tiempo en carretera, se puede ir disfrutando de las edificaciones tradicionales que aún aguarda el pueblo. Por eso, y todas las razones anteriores, la pareja eligieron su paisaje para renovar sus votos de amor. Veinte cinco años de matrimonio son los que la pareja de esposos estará celebrando en estos momentos. Aun con todos los infortunios que hicieron temblar su matrimonio. Cada circunstancia los llevó a estar en lo más alto de una colina, frente a un sacerdote, que bendecirá su unión, una vez más. A pesar de que aquel paisaje es el idóneo para propiciar una ceremonia, Guillermo no estaba del todo desacuerdo. Él quería tener la mayor seguridad para Luciana, quien está a punto de cumplir cinco meses de embarazo. Sin embargo, ella deseaba tener la imagen más perfecta, inmejorable e inolvidable que alguien pueda apreciar. Se trata de tener en un retrato al amor de su vida junto a sus hijas sentados entre las alturas, mientras el azul del cielo parece ser el velo de una novia que se ha liberado de sus cadenas. —Queridos hijos e hijas, hoy estamos aquí para celebrar los veinticinco años de matrimonio de Guillermo y Luciana - comienza a hablar el sacerdote, mientras los invitados prestan atención. —Dos personas que enfrentaron las adversidades del mundo para construir el amor más puro y sincero de la historia. Juntos con sus hijas y el futuro pequeñín, han tomado las riendas de sus vidas y han decidido ser felices. Comenta el padre, resumiendo en aquellas palabras lo que ellos vivieron. Él y las hijas de la pareja no son los únicos testigos de su amor, también están sus mejores amigos, los mismos que negaron quererse y que ahora también compartirán su historia. Richard tomó la decisión de encarar a la terca de Johana para expresarle sus sentimientos de la manera más autoritaria que el abogado pudo tener. Acción que le encantó ver a la publicista y que no pudo dejar pasar por alto. Los demás invitados son amigos íntimos, cuya fidelidad hacia la pareja los hicieron merecedores de un espacio en un día tan íntimo y solemne como ese. —Guillermo Draco Nova, reafirma usted su compromiso con Luciana María Vargas, promete seguir amándola, respetándola y cuidando de ella hasta que la muerte los separe. Argumenta el sacerdote, mientras los observa con cariño. El padre Emiliano fue quien los unió en matrimonio la primera vez. Recuerda ver a dos jovencitos pedirle que los case para que su unión sea aprobada con Dios. Esa vez lo hizo sin peros. Aunque apenas empezaba su servicio como sacerdote, algo muy en su interior le decía que ellos eran el uno para el otro. —Sí, señor, acepto. Responde Guillermo sin titubearos y con unas ganas inmensas por besar a su esposa. Luciana lleva un sencillo, pero refinado vestido blanco de mangas cortas, donde la superior es ajustada a sus pechos con tela de encaje, mientras que la inferior es una falda de figura amplia y tela suave. Su cabello poco a poco vuelve a hacer lo de antes. Su peculiar tonalidad oscura ha vuelto a visualizarse y sus rizos están tomando su forma. Nada, ante los ojos de aquel hombre que no deja de sonreír, puede verse más hermoso. —Luciana María Vargas, consolida una vez más su unión con Guillermo Draco Nova, se compromete a seguir cuidándolo, amándolo y respetándolo hasta que la muerte los separe - vuelve a hablar el sacerdote. —Sí, padre, acepto el nuevo reto, prometo llamarlo para la boda de oro. Comenta Luciana con jocosidad, ocasionando la risa de todos, incluyendo la más radiante, la de su esposo, quien deslumbra con su traje beige en tallado a su cuerpo. Aquella boda no podría ser más mística, casi rayando en lo inverosímil. No necesitaron de muchos adornos para decorar el lugar; el espacio en sí, con su naturaleza, era suficiente. Las fotos están siendo tomadas por una sonriente jovencita, vestida con un pantalón de pinza color beige y una camisa blanca de seda combinada con unos converse, disfrutando el encargo de tomarle las fotos a sus padres. Jade, en los últimos meses, se ha vuelto una joven completamente diferente a lo que era hace unos meses. También está su gemela, Ámbar, quien ha tomado clases de música desde pequeña, ahora está frente a un piano con un hermoso vestido beige corte princesa, esperando que terminen la ceremonia para tocar una nueva canción. Luego está Esmeralda, con un vestido del mismo color de sus hermanas, corte sirena. La mayor de las Draco se encargó de arreglar y coordinar todo para que sus padres solo tengan que disfrutar de su día. Junto a ella está Mateo, el jovencito con quien Guillermo vive en guerra. Solo lo hace, porque ve en el chico, mucho de él y confía en que cuidará bien a su primer tesoro; sin embargo, nunca se lo dirá. —Por el poder que me concede la iglesia, los vuelvo a declarar marido y mujer. Pueden besarse. Guillermo se acerca a ella con mucha delicadeza y le da un puro y casto beso. Lentamente, se separa de ella para luego depositar un beso en su vientre, lugar donde crece su Diamond, su primer varón. El nombre estuvo en discusión, pero sus hijas entendieron que debían seguir la secuencia de piedras preciosas y darle el nombre al regalo más valioso que les dieron a los cinco después de tantos meses de fuertes tormentas. Si alguien en este mundo le daría el privilegio al ingeniero de ser padre de un varón, sin duda debía de ser la audaz arquitecta. Unos minutos, después, pacíficamente, se acerca a ellos para felicitarlos. Jade no deja que ningún instante se le escape de su lente, quiere coleccionar los mejores momentos para que, en unos años, todos se sientan en familia frente a un televisor para ver lo mucho que se amaran, se aman y se amarán. —Felicidades, espero que disfrutes tu noche de bodas, aunque conociéndolos sé que siempre están como conejos. Comenta la carismática y a veces impudente Johana, una vez que dejan a las dos amigas solas. A la distancia está Guillermo hablando con Richard, mientras estos toman una copa de champán junto con otro amigo muy sonriente. Luciana niega con la cabeza, sabe que la publicista es eso y un poco más. —¿Y a ti?, ¿cuándo te veremos vestida de blanco? Pregunta Luciana con sonrisa traviesa, dando le un sorbo a su coctel sin alcohol. Para ella fue fascinante enterarse de que sus mejores amigos estaban saliendo. —Nunca, no pienso casarme. —Recuerda que lo mismo me dijiste hace unos meses y aquí estás muy pendiente de cierto abogado, así que no me digas nunca por qué no te lo creo. ¿Sabes qué? Mejor voy a preguntarle. Habla llana caminando con dirección hacia donde se encuentran su esposo y amigos. Johana agranda los ojos y camina detrás de ella. —¿Qué vas, qué? Estás loca, Luciana, detente… Le grita la mujer mientras va tras su amiga para detenerla antes de que le dé ideas al atractivo abogado. Idea que no le desagrada, ellos acaban de cumplir cuarenta y cinco años, sus amigos volvieron a casarse y ahora tendrán un bebe a su edad, así que no sería una locura pensar que podrían casarse. Esa una realidad que a Richard le gustaría concretar. Las horas pasan y la familia Draco Vargas junto a sus allegados celebran los nuevos inicios con más fuerzas y más poder que nunca. Cuatro meses después… Después de un duro camino, Luciana y Guillermo reciben a su Diamond. Es un bebe de sano, fuerte y hermoso como sus padres. De su madre heredó su piel canela y sus hermosos risos azabache. De su padre tiene la sonrisa de galán conquistador y unos hermosos ojos verdes, que brillan aún más que los de su hermana Esmeralda. Sin duda, para toda la familia aquel pequeñín es su premio por la paciencia y fortaleza que demostraron por mucho tiempo. —¿Cuándo tomarás tus exámenes, amor? Le pregunta Luciana a Ámbar. La madre y la hija se encuentran en el jardín retirando aire fresco, mientras la arquitecta amamanta a su bebe. —Dentro de una semana. Le respondió su hija muy emocionada por su pronta aventura. La jovencita se está preparando para sus exámenes en Berklee. Está asustada, feliz y triste. Es la primera vez que tendrá que enfrentarse sola al mundo sin la protección de sus padres. Sin embargo, eso no pasará, no hay forma de que Guillermo, o Luciana dejen solas a sus más grandes tesoros. Aun cuando ellas no los vean, allí estará. Luciana ve la tristeza de su hija, toma su mano, le da un beso en el torso y le dice: —Cariño, si de tu padre y de mí dependiera, mandaríamos a construir en la ciudad una extensión de Berklee solo para no verte partir, pero sé que es parte natural de la vida y yo, lo acepto. Ahora bien, si en algún momento, no te sientes cómoda, si sientes que alguien o algo te molesta, por favor no dudes en llamar a mamá, o a papá. Le exhorta, brindándole toda la seguridad a su hija. Ámbar sonríe y asiente. No tiene miedo de enfrentar un mundo nuevo, sabe que sus padres siempre la van a respaldar. —¡Oh, mamá! - se escucha a Jade gritar, mientras se acerca hacia ellas. —¿Podemos comer pizza hoy? —Cariño, apenas son las 4 de la tarde, ¿cómo puedes pensar en cenar? Cuestiona Luciana, mientras ella y Ámbar le ponen atención a la recién llegada. Por su parte, el pequeño no deja de alimentarse de su madre. —Tengo hambre, mami - dice con voz tierna para convencer a su madre. Luciana solo mueve la cabeza en negación sin poder evitar reírse de las ocurrencias de su hija. Ama verla tan animada y participativa. Aún le queda un camino terapéutico por recorrer, pero la primera parte está ganada. A Guillermo le encanta ver a sus mujeres llenas de ánimos, buen humor y con ganas de comer, así que no duda en concientizarlas en todo lo que pidan, como ahora… —¡Trajimos pizza! Exclama Esmeralda mientras sale al jardín sosteniendo tres cajas de pizza. Detrás de ella está su padre, con postres, y su novio, Mateo, con las bebidas. Jade sonríe y, junto a Ámbar, ayuda a su hermana mayor con la comida. Resulta que Jade llamó a su padre y con voz manipuladora le dijo lo que la haría feliz en ese momento. Así que Guillermo no podía decir que «no». Mientras los jóvenes acomodan todo en la mesa, el ingeniero se dirige hacia su esposa, quien lo mira con desapropiación. Antes de decir algo, él le da un beso al amor de su vida, luego a su campeón, y su quita debilidad. —No me regañes, tenías que escucharla, de verdad, quería pizza, amor - dice en su defensa. —¿Algún día dejarás de ser tan débil con nosotras? —Jamás lo dejaré de hacer - en ese momento el pequeño se separa del seno de su madre y le muestra sus ansias a su padre. —Ves, eres la culpable, tú eres la que trae al mundo humanos tan perfectos para hechizarme. Comenta con dulzura, mientras que Luciana se rinde y comienza a reír. —No sé qué haré contigo, señor Draco - le dice y le da un corto beso. —Bien, ahora sácale los gases a tu hijo. Ya que están las pizzas, hay que disfrutarlas. Guillermo recibe con mucho gusto entre sus brazos a su pequeño, mientras su esposa va hacia donde están sus hijas y yerno. El hombre se queda parado en el mismo lugar viendo aquella imagen, tiene más de lo que soñó, tiene a la familia por la que tanto imploro. Así es como unos ciclos se cierran y otros se abren; estos viejos amores encontraron su camino y no piensan volverlo a perder. No les importa si deben dibujar mil mapas, siempre volverán hacia ellos. Fin. Esperen, espere, esperen… Bien, no estuve en la última etapa de la pareja Draco porque, bueno, ellos pudieron continuar sin mí. Sin embargo, aún falta mucho que contar, empezando por decir: ¿dónde estuve yo durante los siete meses que transcurrieron? Bueno, estás a punto de saberlo…
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