A lo largo de los años, los seres humanos, hemos desarrollado múltiples capacidades y una de ellas es asociar los colores con nuestro estado de ánimo, con nuestras emociones, con nuestro sentir. ¿Por qué lo hacemos? Porque de alguna forma debemos externalizar los que sentimos por dentro y casi siempre es atrás vez de los colores. El amarillo; estás feliz, el rojo; enamorado, verde; aguardas esperanza, blanco; estás en paz, n***o; aguardas luto. Pero cuando ves el gris: ¿con qué lo asocias? Es un color subestimado, que porta elegancia; no obstante, en ocasiones lo utilizamos para hacer referencia de que algo en nuestro entorno acaba de cambiar y no parece ser de forma positiva. Y es lo que siente Laura, que su arcoíris acaba de perder los últimos colores que quedaba y solo hay un triste

