Allá en Montenegro

2566 Palabras
Capítulo: 3 Título: Y los días en nuestra hermosa ciudad, pasan más rápido que el dinero de la quincena, no te da el tiempo para disfrutarlo. Tras una semana de arduo trabajo, que también estuvo rodeada de reconocimientos y fructíferas negociaciones, lo adecuado, para recobrar energías, sería pasar un fin de semana en la playa descansando junto a tus seres queridos. Poder despojarse de todas las obligaciones y simplemente recostar tu cuerpo en una hamaca frente al mar, mientras la brisa acaricia tu rostro y unos fuertes brazos te cubren… esa sería la escapada perfecta. Lamentablemente, no será la de dos visionarios que están a punto de enfrentarse cara a cara. —¿Seguro que quieren ir solos hasta Montenegro? Pregunta Richard, el mejor amigo y el abogado de confianza de la pareja. Los dos se encuentran en la cómoda y clásica oficina del ingeniero, lugar que aguarda fotos de las mujeres importantes en la vida del hombre, y sí, aún hay fotos de ella, su esposa. —¿Por qué lo preguntas? ¿Acaso piensas que soy un salvaje capaz de lastimar a mi esposa, o ella una fiera que me comería vivo? Cuestiona Guillermo, mientras mantiene su mirada fija en la pantalla de su computadora. Su mente está perdida apreciando los diseños elaborados por Luciana. Siempre se ha preguntado cómo ella distribuye su tiempo entre tantos proyectos y el hogar que aún comparten. La arquitecta nunca ha dejado de supervisar cada detalle de cada edificación, para ella la perfección no es algo que se deba buscar, es lo que se debe hacer. —Algo así - dice Richard en tono jocoso, que no logra sacarle una sonrisa a su amigo. Al contrario, el hombre lo mira con desaprobación. —Disculpa, pero no me mires así, lo que digo es que este proyecto es la visión que ambos han tenido desde antes de que la constructora se volviera una realidad. Han trabajado mucho por eso e ir solos hasta allá sería un riesgo - comenta con honestidad. El caso es que, desde que la pareja ha empezado a andar con otras personas, ellos han evitado permanecer solos en el mismo lugar. Las pocas veces que lo han hecho han surgido fuertes discusiones donde ambos terminan diciéndose cosas que en realidad no sentían. Así que por el bienestar de sus hijas y el proceso emocional que está llevando una de ellas, los dos decidieron no hablar más de lo necesario. Sin embargo, en vista de que cada vez sus relaciones extramaritales avanzan y que sus allegados sospechan de la verdad, pues, lo más lógico es tratar de llegar a un acuerdo de divorcio donde no se vea afectado lo que construyeron con mucho esfuerzo. —No te preocupes, tengo todo bajo control. Responde Guillermo, tomando su saco de la silla para salir de su oficina. Richard mira a su amigo y solo asiente, espera que, por el bien de todos, ellos dos puedan llegar a un consenso. El aclamado ingeniero, el hombre capaz de materializar las majestuosas creaciones de su esposa, en ocasiones se siente como un prisionero de su propia realidad. En algún punto de su historia, el guion se desvió, por otra parte, que no estaba pautada. Él no tuvo el mejor padre y su madre luchaba contra ella misma, así que le costó esforzarse al doble para no caer en los mismos patrones de su núcleo familiar y, a pesar de que lo logró, por alguna razón no se siente conforme. Guillermo solo tiene una sensación de vacío que no sabe cómo llenar, ni siquiera el dinero, o la hermosa novia que tiene, pueden hacerlo. Su único sostén son sus hijas. Tres hermosas jovencitas que le recuerdan lo que en realidad importan en este mundo. —Hola, papá. Guillermo escucha la voz de Ámbar, una de sus gemelas, cuando pretende ir a su habitación. Él se acerca a ella y le da un beso en la cabeza con mucha ternura. —Hola, pequeña, ¿qué haces despierta a esta hora? —Vine a buscar un vaso con agua, estoy algo estresada con el examen de mañana - responde un poco angustiada. —Entonces, no visité a buscar agua, más bien, leche chocolatada, ¿cierto? - la cuestiona sonriéndole, mientras ella asiente de la misma forma. Guillermo y Luciana pueden olvidar muchas cosas, pero jamás los gustos y comportamiento de sus hijas, eso nunca se borran. —Y tu hermana, ¿cómo la pasó hoy? —Bueno, hoy no quiso salir de su cuarto, solo dejo que yo entrara y mamá antes de salir - dice y suspira. —Papá, ¿crees que Jade podrá volver a hacer la de antes? Pregunta la jovencita con añoranza. Extraña a su hermana, la que solía jugar monopolio con ella, o la que disfrutaba tomar fotos todo el tiempo de las cosas que veía interesantes para luego convertirlas en una película. Ahora solo ve a una chica parecida a ella que actúa como si no quisiera estar allí. Por su parte, Guillermo abraza a su hija, mientras trata de que no se note la impotencia de no poder rescatar a su familia y hacer que vuelva a reinar la felicidad en su hogar. —Ella lo hará, y nosotros la ayudaremos, ¿sí? - Ámbar asiente. Guillermo sube las escaleras junto a su hija, mientras escucha cómo le fue en la escuela. Algo que ha tratado la pareja como padres de tres hijas es dedicarle tiempo a cada una para que no sientan que no se le presta la atención necesaria. Para él es importante saber los sentimientos de Ámbar, quien trata cada día de ser fuerte y apoyar a su gemela. Luego de llegar a su recámara, la jovencita se despide de su padre y entra a su habitación, mientras que él camina hacia la suya. De repente, sus pasos se detienen frente a la puerta de Luciana. Según escuchó, ella no se encuentra descansando en su alcoba, y si ya conoce la rutina, no volverá a verla hasta el día siguiente. No tiene la menor duda de que esté con Edward. —Ya pronto nos dejaremos en libertad, y quizás podamos dejar de torturarnos de esta forma. Comenta, sintiendo un vacío en su pecho. Unos segundos después recibe un mensaje de Britany que dice: “Te extraño, amor mío, ya deseo ser tu esposa” Una promesa que él no recuerda haber hecho; sin embargo, ella no deja de mencionarlo. Guillermo respira profundo y se va a descansar, al menos eso intentará. Al día siguiente… Antes que la claridad de un nuevo día interrumpa el sueño de los que aún duermen, Luciana ya está tomando una ducha tras tener una romántica cita con su, bueno, ¿novio? Y es que la mujer no dejó que las primeras horas del sábado la alcance entre los brazos de Edward, quien aún se encuentra acostado en la cama completamente desnudo. Durante toda la noche hubo algo que no la hizo concentrarse en su pareja, algo que le molestaba y la hizo levantarse de la cama. Quizás sea el hecho de que hoy por fin se quitara un peso de encima y podrá avanzar, o una vez más tendrán que volver al punto de partida. En unas cuantas horas, Luciana y Guillermo estarán en solitario sobre lo más alto de una colina, sosteniendo la conversación más dura de sus vidas. —Es muy temprano, ¿por qué no duermes un rato?, si quieres puedo llevarte hasta Montenegro. Sugiere Edward cuando observa que Luciana ya está lista para abandonar su lujoso Penthouse. —Es que quiero ver a las niñas antes de irme - comenta acercándose a él para darle un beso de despedida. —Te escribo cuando llegue, la cobertura no es muy buena, pero trataré de estar comunicada contigo - le explica. —Está bien. ¿Y crees que hoy sí podrán llegar a un acuerdo? Cuestiona, mientras se incorpora en la cama, deseando que la mujer, que cree amar, quede libre para estar con él sin restricciones. —Eso espero - dice y se levanta de la cama, sin embargo, él la detiene para luego besarla con impetuosidad. Luciana le sonríe y termina saliendo del lugar antes de que este vuelva a persuadirla de quedarse. Ella intentó volver en la madrugada; no obstante, Edward se las arregló para convencerla de quedarse toda la noche. Ella ya tiene ropa guardada en su apartamento, ni siquiera se dio cuenta cuando las llevó y guardó con tanta delicadeza. Es más que obvio que la pareja de esposos están viviendo vidas paralelas y no se refiere solo a recámaras diferentes. Guillermo, meses atrás, adquirió un costoso Penthouse, en otros de los lugares exclusivos de la ciudad, y es donde vive Britany. … —Pensé que te vería en la cabaña. Comenta Guillermo al ver entrar a su esposa por la puerta de la cocina. Este se encuentra parado frente al ventanal, con la mirada perdida con dirección hacia el jardín. En su mano derecha hay una taza de café recién hecho, mientras que la izquierda se encuentra dentro de uno de los bolsillos de la única prenda que lleva puesta. Luciana, que pretendía subir a su habitación, se desvió al percibir el aroma de la bebida caliente. Algo que comparten los dos es el amor hacia el café. Solían compartirlo a muy tempranas horas de la mañana, mientras platicaban sobre el futuro. —Vine a servirme un poco de café - dice y él asiente sin mirarla. Ella toma la tasa y vierte la bebida, luego se recuesta de la encimera y toma un sorbo amargo, como les gusta a los dos. —Estaremos en Montenegro hasta el lunes, mañana nos reuniremos con Tomasso Santoro, así que estaba pensando que hoy podíamos hablar de… bueno, de nosotros - le dice ella. Guillermo se voltea a verla en esa ocasión. Él solo tiene un joggers mientras que su marcado abdomen está al descubierto. Luciana lleva puesto un vestido casual de figura amplia. Fue lo primero que encontró dentro de las gavetas que tiene en la casa de su amante. —¿Crees que sea adecuado hacerlo antes de concretar una negociación? Pregunta el ingeniero, no muy convencido de que sea prudente hablar de divorcio antes de una importante reunión. Luciana, quien se resiste a ver el torso de su esposo por más tiempo, desvía la mirada hacia otro lado. —Sí, es que si no lo hacemos hoy continuaremos dándole largas - responde ella. —Guillermo, no quiero que nuestras hijas se topen con cada revista que decida exponer a los muy infieles de sus padres, Jade no lo soportaría. Él la observa por unos segundos, luego suspira y deja la taza en la encimera —Bien, entonces me iré a cambiar. Nos iremos en el helicóptero, ir por carretera nos tomará dos horas que podemos invertir de una manera más productiva, ¿estás de acuerdo? - ella asiente. Él sube las escaleras, luego lo hace ella. Media hora después, ya están cambiados y despidiéndose de sus hijas, quienes miran con suspicacia a sus padres, mientras estos abordan el Rolls-Royce de Guillermo. Un vehículo clásico y sofisticado, perfecto para llevar a bordo a una reina. A pesar de la elegancia que impregna estar dentro de un auto como aquel, la pareja va todo el trayecto bajo un incómodo silencio. Más que nada, porque quisieran decirse tanto, y muy a sus adentros, tienen miedo de arruinarlo antes de poder estropearlo de verdad, si eso logra tener sentido para ustedes. El caso es que saben que, una vez que estén encerrados en una alejada cabaña, se dirán muchas cosas que no saben si quieren ser escuchadas por el otro. Tras conducir por unos minutos, ya están en el helipuerto. Muchos años de experiencia y de constante aprendizaje, Guillermo tiene licencia para conducir un helicóptero. Quería tener la dicha de poder pilotear uno, mientras sacaba a su familia a pasear, y sí que lo hizo. Los cinco se veían felices hasta que no lo fueron más. Luciana se sienta una vez más en el asiento del copiloto y se pone su cinturón. Mientras que él asume el lado de pilotear con mucha seguridad. Independientemente de sus avanecías, ella no tiene miedo de viajar en un artefacto piloteado por su marido. Si de algo está segura es que nunca le haría daño físico. … Después de volar por una hora, la pareja llega a su residencia en los altos de Montenegro. La construyeron tres años atrás como una iniciativa para dar el paso siguiente, que es un hotel con estilo de cabaña integrado a la naturaleza. Un nuevo atractivo para los turistas que quieren otra cosa que no sea playa, arena y sol. En la montaña tendrán vistas hermosas hacia un bosque frondoso y opciones para escalar, o tirarse de un parapente, algo alejado de lo usual. —Buen día, señor y señora Draco, espero que su viaje haya sido placentero - dice Rubina el ama de llaves. —Gracias, Rubina, lo fue. Responde Luciana, siendo la primera en entrar a la casa, mientras camina hacia uno de los muebles de la sala para descansar. La empleada le brinda una sonrisa y solo asiente. —Rubina, ¿cómo has estado? Pegunta Guillermo, entrado después con las maletas en la mano. Que haya distanciamiento entre él y su esposa no es un sinónimo de ser descortés y poco caballeroso con ella. —Estoy bien, señor Draco, gracias por preguntar - dice en tono educado. Guillermo asiente. —El almuerzo está listo, ¿les gustaría que sirviera ahora o más tarde? Luciana quisiera decir que no, que se irá a descansar; sin embargo, su estómago le exige alimentarse. Entre las dietas, entrenamientos, las responsabilidades y tener una doble vida, la ha llevado a perder su apetito. Ella nunca ha tenido problemas con su figura, pero al igual que muchas cosas en su vida, aquella percepción, cambió. —Sí, necesito comer algo - dice Guillermo, un amante a la comida que sin hacer mucho esfuerzo conserva un cuerpo ejercitado, mejor que cualquier veinteañero. Nunca ha rechazado un platillo y menos si eran preparados por su esposa. Pero él, como muchos hombres, no tiene que pasar por cambios hormonales o embarazos. Así que, si ha dejado de hacer alguna cosa, alimentarse no es una de ellas. —Iré a cambiarme. —Sí, yo haré lo mismo - dice Luciana. Guillermo se queda unos escasos segundos mirándola. Pensó que inventaría alguna excusa para no comer junto a él. Si hay alguien que trata de que se eviten la mayor parte del tiempo e insta en hacer las cosas por separado, es ella. Es como si la presencia del hombre la perturbara. Él siempre respetó eso dándole su espacio. Eso fue antes de llegar a Edward o Britany a sus vidas. Nunca entendió la razón de su cambio, quizás debió preguntarle y se hubiesen evitado que otras personas interfirieran en su relación. El ingeniero desvía su mirada y camina hacia las escaleras, esperando que hoy puedan encontrar la paz que tanto necesitan. Aún sí, esto significa que no podrán volver a disfrutar de la química que ambos tenían en la cama. Claro, porque una pareja que disfruta del sexo, si se dejan, ya no podrán hacerlo, ¿cierto? ¿Tú qué crees?
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