CAPÍTULO 9

947 Palabras

Sus hijos también existen  El despertar a la mañana siguiente fue como despertar en medio de un campo de batalla devastado. El ambiente en la casa era irrespirable. Daniel actuaba como si la conversación de la noche anterior le hubiera quitado un peso de encima. Ya no se molestaba en esconder el teléfono, ni en disimular sus llamadas; hablaba por teléfono en el pasillo con tono cariñoso mientras yo preparaba el desayuno de los niños. La humillación había dejado de ser un secreto para convertirse en una rutina diaria. A las ocho y media de la mañana, mientras Sophie comía sus cereales y Noah jugaba con una cuchara en su silla alta, Daniel bajó vestidito con un traje impecable y una maleta de mano. —Me voy a un viaje de negocios a Nueva York —anunció con frialdad, dejando la maleta jun

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