Mi hija pregunta quién es ella Sophie se quedó inmóvil a mi lado. Su mano pequeña buscó de inmediato el dobladillo de mi falda, apretándolo con fuerza. Noah, al notar la atmósfera cargada, se sentó sobre la alfombra del pasillo y me miró con el ceño fruncido, llevándose dos dedos a la boca, su gesto habitual cuando sentía miedo o desconfianza. Victoria no se retiró. Al contrario, al ver a los niños, adoptó una postura estudiada de calidez, como si estuviera ensayando el papel de una madrastra benevolente frente a un público invisible. Se agachó ligeramente, manteniendo las rodillas juntas en una postura de elegancia impecable, y sonrió a Sophie. —Hola, pequeña —dijo Victoria con un tono de voz dulzón, empalagoso, completamente falso—. Tú debes ser Sophie, ¿verdad? Tu papá me ha enseñ

