POV Erick
Soy un desgraciado lo sé bien, me aproveche de su miedo a la oscuridad para darle una lección, y no, no me hace sentir nada bien, escucharla gritar y suplicar me molesta, más de lo que debería, pero aquello debía hacerse, debía aprender que no debe jugar conmigo, que romper una promesa o acuerdo tiene consecuencias y una muy dura.
Me senté en el sofá y mire al techo, sus gritos seguían llenando el lugar, y aunque mi apariencia era de enojo, por dentro me estaba rompiendo, ¿Por qué?, porque ella era lo único que podía hacerme sentir así, por qué ella está tan metida en mi que me altera, Abigaíl se convirtió en mi maldito punto débil, lo único que me hace perder la razón y me descontrola, por eso debía irse, tenerla cerca era contraproducente para mí, para lo que era.
El mundo que vivo es muy peligroso, uno en el que no se puede flaquear, al menor indicio estás acabado, desde esa noche supe que estaba perdido, por eso intenté de todas las formas posibles de cancelar esa boda, y cuando entendí que no podía cancelar, busque ayuda de Valek, mi primo, ayuda para llevarla a un lugar donde nadie pudiera encontrarla, donde podría hacer una vida, lejos de su padre y de todos.
Pude hacerlo yo, pero estaría en riesgo de ser descubierta, Valek era otra cosa, nadie sabría dónde estaba, ni siquiera yo, y eso la mantendría a salvo, pero ella tenía que arruinarlo.
Aquel era mucho más que un castigo, era el medio para mantenerla lejos de mí, entre más me odiara menos me querría cerca y yo podría seguir siendo quien soy, y mi corazón se mantendría impenetrable como hasta ahora, o al menos fingir ser impenetrable.
Porqué la verdad era otra, había alguien que sí había logrado entrar y se aseguró de quedarse allí grabada como una maldición, y es justo ella Abigaíl, la mujer de la buscó huir por todos los medios, la misma que ahora me ató a ella.
La conocía en la secundaria, estaba cursando mi último año y entonces un día llegó está chica, linda, con mirada inocente, llamó la atención de todos con su hermosura, sus ojos color esmeralda paralizaba a cualquiera que la viera fijamente, había algo en ella que te hacía querer estar cerca, entonces la empecé a cortejar, a darle detalles, en ese tiempo estaba lejos de convertirme en esto que soy ahora.
A ella pareció gustarle mi cercanía, siempre tenía una sonrisa que brindarme y me miraba como si yo fuera algo especial para ella, una noche la encontré en una fiesta, se me hizo raro ella no nunca asistía a esos eventos, su padre parecía tenerla en una caja de cristal donde no podía hacer nada, la ví tomar, y yo no tuve paz, todo la noche pase pendiente de ella, como si fuera algo mío.
A la hora de marcharme ella seguía allí y parecía no querer irse, entonces me acerque tome su mano y la saqué de allí, insistí en llevarla a su casa, a lo cual no se pudo negar.
La hice subir a la parte trasera de mi moto, se aferró a mi y sentí como acomodo su cabeza en mi espalda, aquello me hizo sentir cosas, cosas muy fuertes.
Al llegar fue inevitable lo que pasó me invitó a pasar y tal vez fue el alcohol o deseo o ambas, pero empezamos a besarnos y solo paso, tuvimos relaciones, me entregó su primera vez, aún puedo recordar cómo se sintió, aquello está siempre presente.
Una voz gruesa diciendo su nombre me hizo despertar, un hombre bastante enojado estaba de pie frente a nosotros, al girarme a verla, ella estaba como congelada con su mirada fija en la figura frente a ella, sus manos apretaban la tela de la manta que cubría su cuerpo con tanta fuerza que sus dedos se volvieron blancos de la presión y su rostro tenía una expresión de miedo que me alertó.
Me puse de pie, me vestí lo más rápido que pude, cuando una golpe y sollozos llamaron mi atención, el hombre la había abofeteado, intenté intervenir pero el hombre que ahora sabía era su padre me ordenó marcharme, me volví a verla y aunque no dijo nada sus ojos suplicaban por qué no la dejará, había terror, mucho terror reflejado.
Su padre la miraba con tanto oído que supe que si la dejaba, no volvería a verla, conocía muy bien ese tipo de expresión, crecí rodeado de ellas, entonces tomó el valor y solo lo dije.
Pedí su mano en matrimonio, me comprometí a casarnos cuando ella cumpliera la mayoría de edad, su padre al saber mi nombre se relajó, entonces lo hizo oficial, me hizo llamar a mis padres y con ellos presentes se pactó el compromiso, un compromiso que después de una plática seria con mi padre quise romper.
No estaba listo para eso, no sabía que sería de mi vida, lo único claro era la responsabilidad que tenía adquirida desde que nací, convertirme en el sucesor de todo.
Pero Malcom el padre de Abigail, nunca me dejó romper el compromiso, solo dijo que si yo lo rompía ella moriría, y supe que no jugaba, el terror que Abigail sentía por él me lo dijo, solo había que verla comportarse cuando él está presente para saber que sentía por ella todo menos amor.
Después lo entendí, él la había comprometido con otro hombre, uno bastante mayor para ella, solo esperaba la mayoría de edad para casarla y ganar poder, todo lo que le importaba era eso, y entregarse a mi daño su acuerdo ya pactado, sin pureza Abigail ya no tenía valor, ni podía conseguir lo que él esperaba, entonces solo la eliminaría, ella no era más que un moneda de cambio.
Entonces empecé a alejarla, a tratarla como si no existiera, con el único fin de alejarla de mí, ella no estaba lista y creo que nunca lo estaría para está vida que llevo, pero mi madre siempre se empeñaba en tenerla cerca y si no su padre se aseguraba de que no olvidará mi promesa, los años pasaron y Abigaíl seguía cerca, cada vez más, podía notar lo incómoda que se sentía, al igual que note lo que le dolió mi cambio con ella, nunca dijo nada, pero yo había aprendido a saber que pensaba, mucho antes de que lo hiciera, la conocía mejor que nadie.
La única cosa que no puede leer en ella fue incumplir el acuerdo que hicimos, en la noche ella seguía decidida a irse, pero algo debió cambiar después que me fui, algo que la hizo llegar a la boda, pero no me diría, no bajo presión, su boca podía ser una tumba sí así lo decidía.
¿Que siento por ella?, siento todo lo que no debería, ¿Si la amó?, no podría decirlo, pero sí sé que revuelve todo verla, que me altera sentirla cerca, que un hormigueo me recorre al escuchar su risa y sus ojos me hacen vibrar cuando me mira directamente, pero eso no puede ser, me niego a dejar que alguien me controle de esa forma, que alguien tenga el poder de dominarme.
En algún momento de la noche debió quedarse dormida, lo sé porque también me dormí, al abrir los ojos ya era de día, muy temprano, pero ya había claridad, hacía un poco de frío, me puse de pie y camine a la habitación donde la deje, respire profundo antes de abrir y entrar.
La luz del pasillo iluminó todo dentro y antes de poder darme cuenta su silueta salió a toda velocidad, chocando conmigo, al sentir mi tacto se alejó dándome una mirada de rencor, sus ojos estaban rojos e hinchados y su piel muy fría.
–Espero que el castigo cumpliera con tus expectativas. — su voz salió ronca, como consecuencia de tanto haber gritado, me dió la espalda y se fue mientras se abrazaba a sí misma.
me quedé allí viendo como entraba a otra habitación y cerraba la puerta, ignore la sensación de culpa que quería invadir, me di la vuelta e ingrese a la cocina, estaba equipada con todo lo necesario, prepare el desayuno y fui a llamarla, tampoco era tan bestia.
Un solo golpe en la puerta fue suficiente, se había aseado y puesto ropa limpia, aunque su expresión de molestia seguía intacta.
–Al comedor. –fue todo lo que dije, y esperé a que saliera, siguiendo sus pasos hasta el lugar.
–¿Es una disculpa esto?.—pregunto sin ánimos al ver la mesa lista.
–No tengo de qué disculparme, ¿Come?.—le dije mientras señalaba su plato.
–Sabes porque le tengo tanto miedo a la oscuridad. — No me interesa, le respondí. –Cuando pequeña mi padre me encerraba en la habitación, quitaba la corriente eléctrica y metía personas dentro. —Solté él cubierto y apoyé mi frente en mis manos, mirando directo a la madera de la mesa. –en ese tiempo no sabía que habían personas dentro, tenía seis años, y cuando todo quedaba oscuros, me aterrorizaban, y torturan, imaginarás que cosas piensa una chica de esa edad, y aunque ahora se que eran personas, no logro superarlo, cuando se apaga luz el mismo sentimiento de terror se apodera de mí.
Escuché su relato, sintiendo como todo hervía dentro de mí, como alguien le hacía eso a una pequeña, pero sus siguientes palabras me golpearon tanto que sentí derrumbarme.
–Anoche tú me hiciste lo mismo, pensé que al quedarme me aseguraría protección, que nadie más me haría daño, pero me equivoqué. —fije mi vista en ella, y el aire en mi cuerpo entro con dificultad. –eres igual a él Erick, usaste algo que sabes que me lastima para saciar tu enojo, puede que lo merezca por cumplir con lo que acordamos, pero no espere que llegaras a caer tan bajo Erick, al menos no conmigo.
Me puse de pie y caminé a la puerta necesitaba salir de allí, el aire dentro de la habitación me estaba asfixiando, antes de poder salir volvió a hablar.
–Pero ya está hecho, no hay vuelta atrás supongo. Entonces podrías no volver a hacerme algo así. —aquella petición salió como una súplica, la cual me hizo estremecer. –sé que me rechazas y también que no me soportas, pero por favor no vuelvas usar eso para lastimarme, no me hagas recordar cosas que lucho a diario por olvidar.
No aguante más la presión y salí de allí, camine hasta donde ya no se podía ver la casa y entonces me dejé caer, deje salir todo, estaba tan empeñado en alejarla que no me detuve ante nada, y desperté viejas heridas.
Pero ya no había marcha atrás, el daño estaba hecho y mi decisión seguía firme, sequé mis lágrimas volví a mi expresión fría y dura de siempre y volví a la casa.
Estuvimos allí una semana, y ninguno de los dos volvió a dirigirse la palabra. El día de volver llegó y con ellos miles de cosas que hacer y miles de cosas por enfrentar ahora como mi esposa debía estar a la altura de eso, merecía respeto y debía saber cómo hacer que el resto le tuviera aquello con solo verla, fuerte, decidida, con autoridad así la necesitaba, y aunque no se lo había dicho, ella lo sabía, la expresión en su rostro al llegar a la casa lo demostró.
POV Abigaíl
Después de una semana las cosas seguían como siempre, con la novedad de que no nos dirigimos la palabra, tal vez era lo mejor, después de contarle mi relato solo se fue y al volver actuó como si yo no estuviera allí, tal vez no le intereso como dijo, o solo opto por ignorarme.
Una llamada a mi teléfono móvil me hizo alertar, era mi padre, suspiré rogando calma y respondí....