Capítulo 5: Encuentro de amigos

1148 Palabras
Sábado, 17:22 p.m. Era sábado por la tarde, y estaba en la sala de mi casa, un espacio acogedor con paredes de tonos cálidos y una ventana grande que daba al balcón, dejando entrar la luz del sol. Dentro y fuera de la casa había plantas que decoraban el ambiente, las que al principio, no me agradaron, pero mi madre, Belén, había insistido en que decorara la casa con ellas. Así que, sin poder negarme las tuve que dejar, pues tampoco iba a rechazar su regalo. Y, a decir verdad, con el tiempo, me acostumbré a su presencia y que me terminaron gustando, ya que daban un toque especial y un aire fresco al entorno. Mientras el suave sonido del jazz llenaba el aire, creando una atmósfera perfecta para la escritura, disfrutaba de la tranquilidad y paz que me rodeaban. Escribía algunas ideas sobre futuros relatos que tenía en mente publicar. Como muchos de mis trabajos anteriores, este también sería erótico, y aunque aún no tenía claro de qué trataría no había un solo momento en el que no me imaginara escenas que quería incluir en algún relato; por eso las anotaba para no olvidarlas. Así, cuando reuniera varias ideas, podría revisarlas y ver si tenían algo en común, lo que me permitiría desarrollar un relato completo. Entonces, justo en ese momento, el sonido del teléfono me sacó de mis pensamientos. Sergio: — Hola, ¿qué tal? — Hola. Todo bien. ¿Y tú? Sergio: — Bien. Oye, te llamaba para ver si estabas libre ahora y querías bajar al bar a tomar algo. ¿Puedes? — Sí, está bien Sergio: — Perfecto, nos vemos en un rato — Vale, chao Colgué la llamada y, antes de ponerme de pie, escribí rápidamente las últimas ideas que había imaginado, temiendo que se me fuesen a olvidar. Eran tan fascinantes que no podía dejarlas escapar, como me había pasado en algunas ocasiones anteriores. Al confiar demasiado en mi memoria, olvidé muchas ideas grandiosas. Así que, cuando me di cuenta de mi error y de que mi memoria no era tan buena recordando ese tipo de cosas, decidí que prefería aprovechar esos instantes de inspiración y anotarlas rápidamente. 17:49 p.m. Bajé al bar que estaba justo debajo del bloque de pisos donde vivía y allí me encontré con Sergio, un amigo desde hacía más de cinco años. Nos conocimos en un taller de pintura al que ambos asistíamos y aunque inicialmente nos unió el interés común por el arte, pronto descubrimos que compartíamos algunas cosas en común y nos acabamos haciendo amigos. Sergio era un pintor especializado y destacado en los retratos, y solía vender sus obras a través de Internet, además de en algunos eventos locales. Manel: — Ei! Com vas, Vicenç? (¡Ey! ¿Cómo estás, Vicenç?) — Tot bé. I tu? (Todo bien, ¿y tú?) Manel: — Igual. La feina bé? (Igual. ¿El trabajo va bien? — Sí, tot està perfecte. Em poses un cafè amb llet, sius plau? (Sí, todo está perfecto. ¿Me pones un café con leche, por favor?) Manel: — Sí, ara mateix (sí, ahora mismo) — Gràcies (Gracias) Después de saludar al dueño del bar, a quien conocía desde hace tiempo, hice mi pedido y me fui a sentar a una mesa vacía dentro del local. También había mesas afuera, pero había demasiado ruido, con gente pasando constantemente, y no era el ambiente adecuado para quedarse allí hablando con tranquilidad. Al instante, Sergio, mi amigo, llegó al bar y, tras pedir algo en la barra, se acercó a mí. Era un tipo alto, de complexión atlética, con el cabello oscuro y ligeramente desordenado, como si nunca le diera demasiada importancia al peinado. Sus ojos castaños tenían un brillo amigable y su rostro, siempre bien afeitado, le daba un aire relajado. Sergio: — Hola — Hola. ¿Cómo va todo? Sergio: — Va bien. Hace rato terminé de hacer un retrato — ¿A una mujer? Sergio: — Sí, ¿por qué crees que estoy aquí? Si hubiera sido un chico, ahora mismo no estaría aquí, sino pasando la noche con él — respondió con una sonrisa pícara, alzando una ceja, como si disfrutara de la ligera provocación en sus palabras. — ¿No que estabas saliendo con un chico? Sergio: — Sí, pero no hemos concretado nada. Él vive en Madrid, pero es colombiano y casi no nos vemos, solo cuando él viene a visitar a su madre — Ah — respondí, justo cuando lo que habíamos pedido de bebidas y comida llegó a la mesa. Sergio: — ¡Ay qué rápido estuvo la comida! Manel: — Sí, es que justo acababa de hacerlos Sergio: — Muy bien, gracias — Gracias, Manel Sergio: — Pedí calamares para compartir, por si querías — Está bien Sergio: — Mañana tengo otra cita para hacer retratos. ¿Por qué no vienes conmigo? — No sé, ¿a qué horas? Sergio: — A las ocho de la mañana. Si te apetece venir, serías bienvenido. Estimo que la sesión tomará entre veinticinco y treinta horas en total, distribuidas en sesiones de ocho horas cada una — Entiendo Sergio: — Me vendría bien algo de compañía. A veces puede ser bastante aburrido trabajar solo — Sí, lo sé Sergio: — Anímate y ven, como en los viejos tiempos — Me lo pensaré — respondí, mientras tomaba un trozo de calamar rebozado del plato. Sergio: — La modelo se llama Sandra y vendrá a mi estudio, y haremos los retratos ahí — Ya veré qué hago Sergio: — ¿No tienes novia, cierto? — No Sergio: — Pues, la modelo es muy guapa, así que, en tu lugar, aprovecharía la oportunidad y vendría mañana — ¿Es de mi edad? Sergio: — Diría que tiene más, como cuarenta, pero te aseguro que, para la edad que tiene, tiene un tremendo cuerpazo. Se ha cuidado muy bien, y eso que solo he visto una foto — ¿Crees que esté soltera? Sergio: — No lo sé, pero si te interesa pregúntale mañana — De momento, cuenta conmigo mañana, pero si me surge algún inconveniente te aviso Sergio: — Vale — ¿Y qué tal vas en tu otro trabajo? Sergio: — Ah, en el teatro, ¿te refieres? Pues ahí vamos. Estamos en plena producción de una obra nueva, un drama bastante intenso. Estoy encargado de la dirección de arte, así que tengo las manos llenas con la escenografía y el vestuario — Suena genial Sergio: — ¿Y tú cómo vas en la editorial? — Nada nuevo, lo mismo de siempre Sergio: — ¿Y tus proyectos de escribir? — Pues estoy empezando a escribir un libro, pero todavía no tengo casi nada escrito Sergio: — Bueno, poco a poco. Las buenas obras no se escriben de la noche a la mañana — En eso tienes razón
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