NUEVE

990 Palabras
Dilay  La lluvia navegaba por mi cuerpo mientras me abrazaba al único hombre que acepté que me tocara, el agua congela mi piel, pero en ese momento no lo sentí, ya que estaba volando por sus labios tan llenos de vida, de magia e incluso de exquisitas sensaciones que sacudieron mi interior de escalofríos placenteros. —Ten, tómatelo te hará entrar en calor— Adil me ofrece una taza de té caliente mientras cubría mi anatomía con una manta y lo miraba desde el sofá. —Siéntate a mi lado— le pedí al aceptar el té. Sin pensárselo, Adil tomó asiento a mi vera y le ofrecí que se cubriera con la misma manta. —Fue de locos lo que hicimos— volví a hablar. —Dicen que los locos son los más sabios. Sonreí—.  Eso dicen. — Al parecer nadie te había besado bajo la lluvia. —No, nadie lo había hecho. —Me halaga ser el primero. Suspiré. —Al parecer tú sí que besaste a muchas bajo la lluvia. Chasqueó la lengua —. Alguna que otra. Alcé una ceja —. Y tan creído que eres a veces. Se ríe—. Mientras sea a veces y no siempre, entonces todo estará en orden. —Mm... ¿Sabes? Tengo una duda que lleva dentro de mi cabeza desde que te conocí. —Resolvámoslo. Aclaré la garganta—. ¿Por qué te comprometiste con la hermana de Amir? Este dejó de mirarme para dirigir su mirada al frente. —Si no quieres contestar...— guardé silencio al ver que empezó hablar. —Digamos que de alguna manera pensé que me estaba perdiendo al sentirme alejado de Amir, es decir, que lo que hice no estuvo bien y menos sabiendo los valores que él siempre presumió, pero pensamos no solo yo, sino los demás amigos que nos unen que quizás con un empujón él podría volver a enamorarse. Alcé las cejas y sonreí porque noté sus palabras tan sinceras que mi corazón se encogió. —¿Por qué sonríes? — preguntó al verme pérdida en lo que dijo mientras mi rostro reflejaba una sonrisa. —Digamos que me gustó lo que oí. —Mm... Pero no soy tan santo como piensas, también hice de las mías. —Somos humanos, ¿no? De eso se trata, de cometer errores y saber cómo pedir perdón. —Quiero pensar que sí. Y yo quisiera pensar que estoy viviendo un hermoso sueño el cual no despertaré jamás, pero cuando mis recuerdos vuelven a mí, la ilusión desaparece. —¿Te sientes bien? Asentí porque la sonrisa que mostraba hace un momento desapareció al recordar la enorme marca que llevaba encima. —Creo que te respondí a casi todas tus dudas y por eso pienso que no es justo que yo no sepa nada de ti. Lo miré con determinación y le di un sorbo al té, no sabía si era bueno contarle sobre secretos que solo yo conozco, el miedo a ser rechazada por lo que me sucedió es el tormento que sigue sacudiéndome a diario. —Yo... bueno solo soy una chica normal y corriente, con miedos como todo el mundo y sin nada que contar excepto que soy hermanastra de Lauren y su padre le pidió a nuestra madre que se deshiciera de mí al nacer, ¿castigos de la vida porque mi madre lo engañó?, pues puede ser, pero yo no era culpable de nada. —Una infancia dura— concluyó Adil. Asentí. —Aunque podría decir que hay algo más que una infancia dura, de hecho, tu interior grita de deseo por contármelo, pero no te atreves. Mis ojos se llenaron de lágrimas, y me alejé rápidamente de su lado porque estaba a punto de caer y no quería. —Será... —aclaré la garganta —. Creo que deberíamos irnos a descansar, mañana nos espera un vuelo muy largo. Adil solo me miró y después se acercó, ya que mi cuerpo empezó a temblar. Sus ojos se clavaron en los míos y su altura supera a mi cuerpo, apretó sus labios y solo dejó caer un beso casto en la sien—. Buenas noches. Nunca digas que yo jamás haré tal cosa, o que jamás pueda estar con alguien porque cuando el corazón empieza a tomar el control de las riendas de tu vida, el resto solo queda dejarse llevar y ver qué sucederá. El sonido de la aguja del reloj suena en mis oídos, esta me aturde, me molesta y me tiene a punto de enloquecer, sentía que me faltaba el aliento, que el corazón se quería detener y solo me quedaba llorar de desesperación. —No me toques, por favor me estás lastimando— suplico, pero no me hace caso. Baja la cremallera de su pantalón y sabía a lo que había venido, mis muslos los apretaba entre sí para que él no llegara a introducirse dentro de mí, pero este me supera de fuerzas y consigue ponerse encima, grité y grité, pero nadie me escuchaba. Al terminar saca una navaja y hace dos cortes en uno de mis muslos. Dibuja dos líneas en forma de X. —Dilay, despierta estás teniendo una pesadilla. — Escuché la voz de Adil, pero era incapaz de despertar. Mis manos estaban llenas de mi propia sangre, dolía y no era la herida, sino la marca. —Vamos, Dilay solo abre los ojos. Mis pupilas se dilataron al despertar y mi respiración sonaba como eco en la habitación, quería tranquilizarme, pero era imposible al sentirme en sus brazos y con el corazón a mil. —Ya pasó, ya pasó, solo fue una pesadilla, ¿vale?, respira. Su voz me ayudó a relajarme y a olvidar una pesadilla más, las cuales regresan a mí de noche, pero sus brazos me daban el calor que necesitaba y sé que donde estaba ahora no podía sucederme nada.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR