TREINTA Y CUATRO

934 Palabras

Dilay  Sentirme afortunada en los brazos de Adil era la mejor manera de sentirme querida, sus dedos dejan una ruta que solo él puede recorrer sin saltarse ninguna señal y puedo decir que por mí se puede saltar él ceda paso y cualquier otra señal de prohibición. Estaba claro que desde que acepté jugar a quemarme aún ardo entre las llamas sin sentir el dolor que estas pueden llegar a causar, solo el calor inunda nuestra piel y el placer de vivir a su lado es suficiente para seguir ardiendo. —Despierta, mi amor— su voz suena cerca de mi oído mientras el sol se filtraba por la ventana, un nuevo día había comenzado y estas últimas semanas de casada han sido una locura. —Un poco más, anda...— contesté adormecida. —Dos minutos, Dilay. Advierte y siento como se aleja de la cama. Los días f

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