TREINTA Y CINCO

879 Palabras

Adil  Si nos ponemos a pensar con la mente fría podríamos llegar a la conclusión que nada de lo que nos sucede depende de nosotros, que todas las cosas que nos pasan son porque estaban predestinadas a que sucedieran, fueran buenas o malas tenía que pasar y ya. Algunos le llaman casualidad, pero yo le llamo destino. —¿Cómo os fue? — pregunté al ver a mi querida hermana y a mi preciosa esposa. — Muy bien, de hecho, hoy seré chivata— le dijo Mariem a Dilay y esta abrió los ojos negando, pero después acabaron riéndose. —¿De qué hablas, Mariem? — Que tu amada mujer habló de ti y que hermoso fue, hermano. Todos la escucharon y ¡buah! Se nos puso los pelos de punta. Miré a Dilay, sus mejillas se habían vuelto rojas y sonreí de lado—. ¿Sí? Cuéntamelo, sultana. Ella entró en silencio. —Mu

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