Parecía surrealista, pero tenía claro que este momento iba a llegar, estaba claro que el pasado llamaría a nuestro presente y así fue, mientras me despedía de Dilay mi alma se encogió con el simple hecho de pensar que, cualquier momento podría salir lastimada y yo no pudiera hacer nada. —Y no es mejor que pases por mí después y regresemos a casa juntos, no sé, también puedo quedarme con Mariem— ella sugiere. —¿No quieres estar con tu hermana a solas y con las pequeñas de la casa? —No es eso, Adil. Solo quiero dormir abrazada a ti. Sonreí y le aparté el cabello sobre sus ojos. —Está bien, sultana, cuando termine la cena vendré a por ti e iremos a casa. Ella sonrió y después me despedí con un fuerte beso en la mejilla— te amo. La amo como nadie, jamás creí que la amaría más que al amo

