Dilay Las horas pasaron y Adil no apareció, el amanecer fue anunciado ante mi vista mientras sentía mi pecho encogerse, algo me decía que algo malo había sucedido, ya que Amir tampoco regresó. —No dormiste nada ¿verdad? — Lauren entra a la habitación donde me había quedado. —No, apenas podía cerrar los ojos y miles de cosas llegaron a mi mente. —Yo también, Amir no es de pasar la noche fuera de casa y mucho menos sin avisar. —¿Le llamaste? —Sí, le llamé, pero está apagado. Y ahora sí que me quería morir de la angustia. —Adil también lo tiene apagado. Lauren sopló agobiada y empezó a acariciar su pecho—. ¿Y si les ha pasado algo? —No lo digas ni en broma— le pedí—. No les puede pasar nada, por favor, Lauren— mis ojos se llenaron de lágrimas. Repentinamente, llamé a Mariem para

