Adil
El fuego no existe si no hay nada que quemar, pero cuando la temperatura se eleva entre dos personas todo a nuestro alrededor arde y no nos damos cuenta de ello hasta que las llamas nos acaban alcanzando.
Y en mi caso, me estaba quemando desde que su mirada misteriosa se clavó en mí. Estaba claro, ella quiso empezar un juego peligroso y yo estaba dispuesto a divertirme, pero sin sentimientos de por medio.
—Y tan sensual que bailas que llamas la atención de todos los presentes —carraspee mientras nos movíamos al son de la música.
—Soy una mujer soltera, esa es mi intención, llamar a quienes estén dispuestos a jugar, total nada es para siempre, nada es de verdad y al final termina el juego con un solo ganador.
Parecía tan resentida con la sociedad que todo lo que decía le parecía un juego—. No deberías de tomártelo de ese modo, porque quien inicia un juego al final es el que acaba perdiendo, y te veo con todas de perder. — Su rostro dibujó una gran sonrisa llena de sarcasmo.
—Poco me conoces, señor Adil.
—Lo mismo le digo, señorita Dilay, soy de los que les gusta ganar y más sabiendo que una mujer me está retando. Se lastimará y no le deseo eso a la jefa.
—No cantes victoria, recuerda que es mejor tenernos de amigas que de enemigas.
El que sonríe esta vez soy yo, totalmente de acuerdo con ella, ya que se dé qué material están hechas.
—Aun así, no me asustas.
—Deberías, jugaron conmigo demasiado, es hora de jugar yo y tal vez me sane de alguna manera.
Fruncí el ceño, sé que quiere transmitir algo, pero no llegaba a entender nada.
Repentinamente, sus labios rojos se unen con los míos y esta empieza a batallar con mi boca mientras mis manos la sujetaban de la cintura, la retenía con fuerzas mientras su aliento a alcohol me indicaba que no estaba en sus cinco sentidos.
—Creo... que... Bueno debería empezar a jugar contigo en otra ocasión, ya que me siento bastante mareada — dijo después de ese beso.
Sonreí —. Me parece buena idea, ahora regresemos al hotel.
Nos despedimos del señor Chén y nos fuimos, ella parecía perdida mientras tanto solo guardé silencio y me quedé pensativo en lo que sucedió, ¿por qué le estaba dando importancia a un beso sin sentido? No soy así, juré no dejarme llevar por nadie y eso haré, solo me divertiré y listo.
Al llegar a la suite, cargué a Dilay hasta esta, ya que se había quedado dormida y no había nadie que la despertara, así que opté por esa idea y poder terminar con este tormento, pero todo cambia cuando la acuesto encima de su cama y empecé a descalzarla, ella abre los ojos y empieza a sollozar desesperadamente, como si le estuviera haciendo algo malo cuando solo la estaba poniendo cómoda, su cuerpo empezó a agitarse y me pedía que me alejara de ella, que no la tocara.
—Cálmate, Dilay no te estoy haciendo nada. —Intenté calmarla, pero era imposible, parece como si estuviera soñando despierta.
—No lo hagas más, por favor — suplica mientras abraza su cuerpo.
—No estoy haciendo nada, Dilay, soy Adil, tranquila.
Me arriesgué de nuevo al verla tan asustada y me acerque y es que mi interior se rompió en dos al verla en tal estado, ¿qué le había sucedido para que llorara de esta manera?
—Mírame, por favor, solo mírame — Ella levantó su mirada ahogada en lágrimas y soltó un suspiro que sonó como eco y el tiempo se detuvo.
—Adil.
—Sí, soy yo, dame tu mano — le pedí y ella obedeció y la coloqué sobre mi pecho—. Está todo bien, ¿vale?, solo soy yo.
Ella asintió y las últimas lágrimas cayeron de sus ojos y después sentí como me abrazó tan fuerte que mi piel reaccionó a su delicado cuerpo.
Una sensación de ardor se instala en mi garganta al sentir como temblaba y es que un instante mal vivido es el que nos marca para siempre, su temor me recuerda el de mi hermana, en los días que se las pasó llorando a gritos y en el miedo que la llenó de inseguridades.
Y entonces gracias a lo que acababa de suceder entendí que no podía causarle más daño del que ya tenía, por mucho que ella quiera jugar conmigo yo solo me dejaré llevar sin lastimarla, seré su pieza en el juego, pero no haré lo mismo con ella.