Había dos cosas que tenía claro, la primera que Adil aún seguía vivo, pero oculto por algún motivo para protegerme quizás o para autoprotegerse de algún secreto que desconocía y la segunda es que tenía que hacer lo imposible para buscarlo. —Mariem, cuéntame todo lo que sepas de tu hermano, por favor— le supliqué entre lágrimas al llegar a casa. —Él no es un asesino— es lo que dijo perdida en sus pensamientos. —¿A qué te refieres? —Él mató a ese hombre porque me lastimó y quiso volver a hacerlo. —¿Qué hombre? — grité al ver que sus detalles son escasos. —El hombre que me lastimó. Adil me defendió de él y acabó por matarlo. Todo en mí se enfrió, no podía creer que el hombre que amo era un asesino, pero ¿por qué nunca me lo dijo? Sabía que tenía secretos que ocultaba, pero de tal calib

