Trató de apartarse, de liberar su cuerpo de ese abrazo, pero el más mínimo movimiento hizo que él abriera los ojos con lentitud. —¿Estás despierta? —murmuró Pavel, con la voz aún adormilada. Ella no respondió. Solo deseaba que quitara el brazo, pero él, en cambio, la giró con suavidad para enfrentarla. Sus ojos se iluminaron al ver su rostro. Rozó su mejilla con los nudillos y apartó un mechón de cabello que caía sobre su frente. Entonces se inclinó. Alessia se quedó inmóvil, paralizada. Sus labios chocaron contra los de ella, calientes, decididos. Una mano le sostuvo el rostro, acercándola más. Su lengua exigió entrada, y sin esperar permiso, devoró su boca. Los ojos de Pavel se oscurecieron con deseo. Su cuerpo comenzó a frotarse contra el de ella, con una intensidad creciente. A

