Pavel me tomó suavemente de la pierna, separándolas un poco más. Mis mejillas ardieron de nuevo; la noche anterior había sido distinta, todo ocurría entre sombras y susurros, pero ahora… la luz del día lo hacía todo más claro, más intenso. Cerré los ojos, conteniendo el aliento, esperando su siguiente movimiento. Sin embargo, no hizo nada. Abrí los ojos lentamente y lo encontré observándome con esa expresión que mezclaba ternura y deseo. Mi corazón latía tan fuerte que creí que él podría escucharlo. Quise desaparecer, pero antes de que pudiera moverme, sentí su toque cálido y cuidadoso, atendiendo mis heridas con una delicadeza que me desarmó. El agua tibia sobre mi piel alivió el ardor, y el peso de la noche se fue disipando poco a poco. Pavel no decía nada; solo su respiración pausada l

