Los días siguientes Aquilegia habló con su pueblo, a regañadientes Zurek aceptó que ella participará en una fiesta junto a los aldeanos mientras él veía todo desde el balcón de la habitación. La noche lucía muy tranquila, Zurek bebió una copa de licor Joskaliano, cuando siente una mano rozar su espalda. —¿Zulema qué haces aquí? —pregunta Zurek al ver a la doncella de su mujer. —Lo veo muy solo mi señor y quería saber si deseaba compañía. —explica con voz melosa. —Ahora no, cuando esté mi mujer. —dice este pero Zulema no lo escuchó y se puso de rodillas. —Está seguro mi rey, yo podría… —tomar el m*****o de su rey entre sus manos. Zurek cierra sus ojos al sentir como esta lo saca para comenzar a estumularlo. Zulema lo llevó a su boca lamiendo su glande con destreza, el pene de su señ

