Llegaron al castillo de Zurek cansados, el viaje fue largo pues hicieron varias paradas. En el camino Aquilegia le había contado a Zurek algunas ideas que tenía para cuando llegara el momento de reinar a su lado. Zurek la había escuchado atentamente pero no estaba muy convencido aún de que ella recibiera a los pueblerinos con sus quejas y mucho menos que estuviera entre tantos hombres. Era un asunto algo complicado, pues Aquilegia se veía muy entusiasta con la idea y ahora que estaban en su mejor momento no quería dañar la cosa. Una vez subieron a la habitación Zurek se excusó con su esposa para ir directamente al parlamento donde le tienen una muy mala noticia. —Ustedes dirán señores. —dice Zurek sentándose en su trono. —Señor, no queremos alargarlo, pero a nosotros han llegado los

