Su esclava

1867 Palabras

Aquilegia no sabía por dónde empezar. Tomó los dos pecnes en sus manos y comenzó a acariciarlo. Los gruñidos era lo único que se escuchaban. Acercó con miedo su boca a una de esos largos falos. El hombre tiró su cuerpo para atrás para apreciar mejor lo que la mujer le hacía Aquilegia comenzó a tomar confianza llevando las dos pollas a su boca, no le cupiera pero con solo intentarlo era más que suficiente para sal quien la observaba con satisfacción. —Sigue —ordena cuando Aquilegia se detiene para observar. Esta vuelve a tomar los fallos llevando uno a uno a la boca para cubrirlo con su calor. Sentía como con cada lamida estos se hinchaban más. Los llena de su saliva para ayudar a lubricar. —Tú boca es divina. —gruñe sal follando su boca con su primera polla. Aquilegia se dejaba llevar

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