Todos salieron de la habitación menos Aquilegia y Frédéric quien miraba con lujuria a su ahora esposa. El mejor que nadie sabía que ese matrimonio era ilegítimo y que tenía que acabar con el infeliz de Zurek, pues no podía permitir que Aquilegia supiera que sigue vivo y que en realidad hizo el amor con un el dios de los demonios, el padre de la maldad. El mismo que poseyó el cuerpo de Frédéric para tenerla solo para él. Era eso o llevarla a los suburbios, sus dominios donde allí sufrirá el tormento de saberse la nueva reina del averno. Frédéric se acerca acariciando su cuerpo con las yemas frías de sus dedos. —¿Estás lista para nuestra primera noche de bodas? —Aquilegia siente un escalofrío correr por su cuerpo. La voz volvía a ser ronca, más de lo normal. Asiente nerviosa. —Sí, es

