Zurek desde su noche de bodas estaba fascinado con su esposa. Los brebajes que Silvana le hace beber la hacen ser la amante que todo hombre desea y necesita en su cama. La observa disfrutar de sus gotas de pasión y vuelve a ponerse duro. La toma de la cintura para ponerla en el borde de la cama, boca arriba con sus piernas en su hombros y así poder abrirla mejor para que ésta lo reciba. Roza su glande en su humedad y la vuelve a embestir con fuerza. Aquilegia gime delirando de tanto deseo, Zurek usa sus dedos para estimular su botón de placer haciéndola alcanzar nuevamente el cielo. —Quiero tu culo, de hoy no pasa que sea mío. —El hombre sale de Aquilegia para reemplazar su polla por su boca y así comenzar a absorber todos sus jugos como si se tratara de una fruta llena de pulpa. Hundió

