—¿Qué haces aquí?—preguntó apretando los puños del coraje. Su esposa se veía hermosa en ese vestido. —Necesito hablar contigo. —contesta sin mirar a los demás. —Estoy ocupado, ahora ve a tus aposentos, en la noche hablaremos de lo que tu quieras. —ordena Zurek pero Aquilegia no se movió. —No, no hablaremos en la noche, lo haremos ahora. —dice firme. La mirada de Zurek se llenó de ira. La tomó por el cabello y la hizo poner de rodillas. —Entonces si no te vas, quiero que me la chupes hasta que me quede sin leche. —Aquilegia aprieta sus labios para que este no pueda hacer lo que quiere—. Anda zorra, eso no decías anoche cuando te llenaba la boca de mi leche. —Aquilegia sintió nauseas por las palabras del hombre que tenía de frente, el mismo al que le debía agradar por el bien de Joska

