Isabella despertó de su breve sueño y pronto, Marcus condujo hasta su casa, bajo la luna estrellada, Isabella y Marcus regresaron del hospital. Las emociones y las preguntas sin respuesta persistieron en el aire, y la noche parecía alargar sus sombras. Marcus estacionó el auto e Isabella estuvo apunto de salir cuando él la tomó de la mano. El eco de los latidos del corazón resonó en el lugar, llevando consigo las emociones crudas a un encuentro inesperado. —Isabella, ¿quieres seguir trabajando para Alexandr Sullivan? Isabella lo miró sin entender bien la pregunta. Las sombras persistentes en su mirada revelaron la tormenta emocional que aún no se disipaba. —¿Qué quieres de decir, Marcus? No te entiendo. Hay un contrato de por medio. El auto quedó envuelto en silencio preservando la i

