Al llegar al apartamento, Isabella se sintió instantáneamente cautivada por su encanto. Ubicado en un edificio histórico con una fachada de ladrillos rojos y ventanas amplias que dejaban entrar la luz del sol, el lugar tenía un aire acogedor y hogareño que la hizo sentirse como en casa desde el momento en que entraron. Alexandr la llevó a través de las habitaciones, describiendo cada detalle con entusiasmo mientras ella seguía admirando todo con ojos brillantes de emoción. Desde la amplia sala de estar con techos altos y suelos de madera hasta la acogedora cocina con electrodomésticos modernos y encimeras de granito, Isabella se imaginó fácilmente viviendo allí y haciendo de ese lugar su propio hogar. Caminaron por los dormitorios, cada uno decorado con un estilo único pero igualmente en

