Un mundo pequeño Cuando los dos gorilas lo vieron aparecer en la puerta, no tuvieron los reflejos necesarios para agarrarlo y arrastrarlo hacia el interior, ni para asegurarse de que el jefe aún podía firmar sus cheques. Sólo pudieron responder al saludo de Mason Stone. Los dos matones tardaron treinta segundos en atar cabos, pero para entonces el detective ya se había ido. Cuando por fin entraron en el despacho se encontraron con un Jackson Wallace intentando combatiru sus nervios. No gritó ni amenazó con despedirlos, como era habitual. Mason Stone llegó a la acera frente al Madison Garden reflexionando sobre las palabras de Wallace: ¿quién podría asustarle tanto como para obligarle a abandonar la ciudad a toda prisa? De la mafia no hay escapatoria: si no estás muerto, es sólo porque la

