Subí al cuarto con Matilde, sintiendo que era mucho mejor jugar con ella que tener que lidiar con la presencia de las serpientes. No podía hacer un escándalo, y tampoco quería ser la sumisa que se queda con una sonrisa tonta mientras la atacan; prefería ignorarlas. Mientras estábamos en el cuarto, le contaba a Matilde sobre mis aventuras como modelo. Incluso buscamos un video mío en YouTube; era increíble que todavía estuviera en la red, mi promoción con John. —Si no eres modelo, ¿por qué saliste en la tele? —preguntó Matilde, con su mirada curiosa. —Porque mi abuelo tiene una empresa de campañas y he hecho algunos trabajos allí por diversión. ¿Por qué no quisiste saludar a Andrea? —le respondí, intentando entender su aversión. —No me cae bien —murmuró, frunciendo el ceño. —¿Y yo sí?

