Llegamos al hotel agotados. Apenas puse un pie dentro de la habitación, lo único que deseaba era darme un baño caliente y sumergirme en las sábanas, tratando de recuperar las horas de sueño que perdí en el avión. Todo mi cuerpo se sentía pesado, y mi mente ya estaba en modo desconexión. —Amor, me daré un baño y luego almorzaré con los socios. Es posible que no regrese hasta tarde —dice Máximo mientras se desabotona la camisa con un gesto automático, sin siquiera mirarme. —No te preocupes —respondí, fingiendo desinterés mientras comenzaba a quitarme los zapatos—, iré a visitar a papá. Muero por ver a Franco. Me lanza una mirada rápida, arqueando una ceja. —Ok, llévate a uno de los escoltas —sugiere con ese tono autoritario que siempre me irrita. Ruedo los ojos, un gesto que él claramen

