Al finalizar la reunión cada uno de los jefes se detuvo frente a mí para agradecerme lo que había hecho por ellos, el primero fue el señor Holger, fue tan elegante y respetuoso que dio la iniciativa a los demás, incluso el demente de Melendez que me causo cierto escalofrío cuando me dio la mano y me vio con esos ojos perversos, era un peligro, lo sentía en mis entrañas. –Deberías mantenerlo vigilado –murmuré a Carlton cuando lo vimos alejarse. –Siempre lo tenemos vigilado. Algo me dice que no es suficiente, que aún así será un problema más adelante, pero así son las cosas en la mafia, siempre hay algo. Antes de irse, mi padre dijo que me esperaba en casa, pero no regresaré a ese infierno de nuevo, tendré mi propia casa, Diego merece vivir en un lugar nuevo, un lugar donde nadie ha m
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