–¿Te has vuelto loca, Alice? –exclamó Carl al mirarme dentro –. ¿Qué demonios crees que estás haciendo? –Vas a despertar a Diego –lo señalé –. Ha tenido un día agitado, aunque muy alegre. –¿Qué carajos te pasa? –cuestionó de nuevo, aunque más bajo. –¿A mi? Solo fui de compras con los recursos que generosamente me proporcionaste, me compre un teléfono. –Teniamos un desayuno importante con los Servenov, tienes una idea de lo que hiciste –reprochó. –Dijiste que iba a ser una salida familiar y después de que te fuiste con tu amante, no creí que fuera demasiado importante –encogí los hombros. –No me fui con Katleen. –¿En serio, Carl? –cuestioné cruzandome de brazos –. No insultes mi inteligencia, seguro hasta la llevaste hasta su casa. Carl se pasó las manos por el cabello, no

