Tocaron a la puerta de las dos mujeres, Rocío abrió, era uno de los empleados. “Señora… Pamela, él señor quiere verla”.
Pamela fue directo a donde le pidieron ir, al entrar su suegro estaba revisando unos documentos. “Siéntate”. Le dijo, ella obedeció.
El señor Gustavo empezó a explicarle. “Ahora que mi hijo Farid no está, debemos resolver tu situación”.
Pamela no comprendía sus palabras. Ella no tenia cabeza para enfrentar todavía su futuro.
“Este es un cheque por varios millones como compensación por estar con mi hijo, espero que te sirva y puedas seguir con tu vida”.
Pamela no tomo el cheque, indignada se puso de pie. “No necesito de su dinero señor”. Era nieta de un alto ejecutivo en una empresa extranjera.
El señor lo pensó por un momento y con mirada fría comentó. “La verdad es que quiero ahorrarme asuntos legales... Farid no tenían ningún seguro de vida y su trabajo en la compañía publicitaria era de un simple empleado a pesar de gozar con un gran sueldo, tendrás problemas en el futuro por no tener la solvencia que mi hijo te proporcionaba”.
Ella observo al hombre detenidamente, Farid había estudiado en el extranjero la mayor parte del tiempo y no tenía mucha relación con su padre salvo obedecía para no tener problemas, ahora lo conocía mejor, era un hombre despiadado. “No se preocupé señor, tengo mi propia carrera y el respaldo de mi abuelo, no me faltara nada”. Ella salió de la habitación cerrando fuerte. Estaba indignada por las palabras del hombre mayor, ella pensaba que eran una familia, pero la realidad era otra.
Emanuel salió de la habitación encontrándose con su padre. “Vamos al estudio”.
Emanuel lo siguió, al entrar su padre le informo. “Te harás cargo de los pendientes de Farid en el extranjero, yo me quedare aquí a seguir con la universidad, Jimena ya está aprendiendo el negocio y será mi próxima sucesora”.
Emanuel se dejó caer en el sillón soltando una gran carcajada.
El hombre mayor se molestó. “¿Qué es tan gracioso?”.
Incrédulo Emanuel expuso. “¡Tu hijo acaba de morir y tú estás más preocupado por los negocios de la familia! ¿De verdad te importamos en algo? o solo somos piezas claves en tus planes de hacerte más rico”.
“¡Eres un insolente! ¡No te permito que me hables así!”. Golpeó el escritorio, podías ver sus venas mostrándose en su cien
La discusión empezó, los gritos de ambos se escuchaban en toda la mansión, Isabel lloraba mientras Lorena trataba de calmarla.
Pamela cabizbaja escuchaba todo mientras hacia su maleta. “Regresare al extranjero”.
Rocío se asustó. “¿Qué? Pero…”
Pamela estaba molesta. “No tengo nada que hacer aquí Rocío. Farid murió y no tenemos hijos, el señor Alarcón no quiere saber de mi”. Limpiaba sus lágrimas mientras decía esto.
Rocío estaba asombrada por el comportamiento de su suegro.
Conocía el temperamento del señor Gustavo, su familia le advirtió de esto, sin embargo, no le importó, en aquel tiempo le gustaba mucho Farid, cuando formalizaron él no se interesaba en ella, odiaba la idea de casarse por contrato, con el tiempo logro aceptarla y amarla. Había sido un hombre bueno y cariñoso, muy diferente a su padre, ahora estaba sola.
En la otra habitación, Isabel se sentó. “¿A dónde vas? Recuéstate”. Le pidió Lorena.
Isabel negó, se levantó directo al despacho donde Emanuel y el señor Gustavo discutía, al abrir la puerta ambos giraron.
Isabel apretó las manos en puños. “¡Mi hijo acaba de morir y no puedes esperar para ganar dinero! ¡Lo enviaste lejos de mi durante tantos años con la intención de prepararlo para el futuro! ¿De que sirvió? ¡Si ya no está!¡Si está muerto!”.
El señor Gustavo entrecerró los ojos, su esposa nunca antes le había hablado de esa manera, era una mujer sumisa, Emanuel pudo ver ese brillo que su madre perdió hace años, sintió una punzada en su corazón, necesitaba pasar algo como esto para que ella despertara.
Isabel camino hasta el señor Gustavo y con voz segura. “¡Quiero el divorcio!”.
Lorena abrió los ojos asombrada, se cubrió la boca, Pamela y Rocío que estaban en el pasillo escucharon las palabras de su suegra. Emanuel observaba a la mujer irreconocible.
El hombre mayor resopló. “Vete a descansar, estas diciendo locuras”. Quiso volver a su asiento para seguir trabajando. Su esposa estaba colmando su paciencia.
Isabel negó con lágrimas en los ojos. “Nunca he estado más cuerda Gustavo. Es el final de esto”.
Mas tarde…
Isabel y Lorena bajaban, los empelados tomaban sus maletas, Jimena corrió hacia su madre. “¡No puedes hacer esto! ¡Qué dirá la gente de mi! ¡Te prohíbo que te vayas mamá!”.
La mujer mayor miro a su hija con pena. “Eres igual a tu padre…”
Jimena estaba histérica viendo a su madre irse, gritaba como loca. “¡Regresa aquí! ¡Regresa y pídele perdón a mi papá!”.
Emanuel bajo junto a su cuñada y su esposa. Jimena giro encontrándose con que llevaban sus maletas. “¿Ustedes? ¿También se van?”.
Emanuel se colocó frente a su hermana. “Puedes acompañarnos”. Le dio la oportunidad, todavía la amaba como hermana a pesar de su comportamiento.
Jimena observo a las mujeres detrás de él. “¿Estás loco? ¿Cómo voy a irme? ¡Esta es mi casa!”.
Emanuel no discutió con ella tomo las maletas y salió, las mujeres lo siguieron en silencio, su cuñada era una persona muy especial y no tenían buena relación con ella.
Desde la ventana de su dormitorio, el señor Gustavo miraba por la ventana a todos irse, Jimena entró. “¡Papá! ¡No piensas detenerlos!”.
Gustavo camino por la habitación para sentarse de nuevo en su silla. “Déjalos que se vayan, en unos días volverán”.
Jimena quería discutir con su padre, pero lo vio muy cansado, se acercó. “¡Papi! Yo estaré siempre contigo”. Lo abrazó fuerte para mimarlo.
La señora Lorena se despidió de su sobrino. “Cuidare bien de ella no te preocupes”. Isabel se acercó a su hijo antes de subir al auto. “Me quedare en casa de tu tía por unos días, cuídate, te llamare más tarde”.